Kai Un y Unkai:
Desarrollar nuestro destino en un mar de nubes
por Katarina Lezova

En algún momento nuestro karate nos revelará algo. Tras años de entrenamiento, somos recompensados y atisbamos algo desconocido que lleva nuestro karate a otro nivel. Constantemente necesitamos redescubrir cosas, pero a veces, de repente, algo encaja y obtenemos como recompensa por años de entrenamiento un poco de comprensión adicional. De hecho, esta es la belleza y el desafío al mismo tiempo. La paciencia revelará algo con el tiempo, pero no podemos saber cuándo llegará ese momento. Sin embargo - pensando en Kyu Do Mugen - en realidad el puzzle nunca se completará (¡afortunadamente!). Lo mismo ocurre con el kata: tras años de entrenamiento alguna técnica "encajará", alguna imagen surgirá en nuestras mentes, alguna situación nos recordará algo, y de repente vemos la relación que eso tiene con otra cosa. Es importante que sin pensar profundamente en ello - quizá incluso de manera inconsciente - seremos capaces de utilizar una técnica en la práctica.

Quizá esa es la razón por la cual el budo es practicado por tan pocos karatekas. La paciencia no es algo que muchos estén preparados para aceptar como un medio para llegar a algún sitio. Resultados rápidos, una perspectiva clara, y a menudo cantidad de cosas, es lo que muchos buscan. Pero el budo es precisamente el camino completamente opuesto. A mí me llevó casi veinte años de práctica llegar a un punto en el que de repente todo el entrenamiento anterior se puso en su sitio, todo se puso en perspectiva, y se crearon vínculos. Sin embargo, fue entonces cuando realmente me di cuenta de que en realidad estoy sólo justo al principio. De hecho, fue un punto en el que de repente el karate se convirtió en parte de todo - una parte integral de ser y vivir. La belleza que he llegado a presenciar de golpe es que soy capaz de vincular el karate con todo lo demás, y viceversa.

Como el karate es una búsqueda personal llevada a cabo en su mayor parte en solitario, muchos probablemente echan de menos el "aspecto social" - algo como formar parte de un gran grupo. En karate, tenemos el linaje - que nos da una historia que seguir, una tradición que preservar, y nos permite ser una humilde conexión entre el pasado y el futuro. Así, en el momento actual, podemos "tomar prestado" este arte durante un tiempo, cuidarlo de alguna manera, mantenerlo con vida, y transmitirlo. Pero todo lo demás depende de nosotros. Así que la pregunta sigue estando ahí: ¿podemos asumir la responsabilidad? Si no llevamos a cabo el entrenamiento diario, nadie lo sabe. ¿Pero podríamos mirarnos en el espejo? Quizá esa sea la razón por la que el karate fomenta rasgos positivos del carácter, porque nos coloca en un camino en el que la honestidad es un prerrequisito para llegar a obtener algún progreso real. Nos coloca a "nosotros" mismos cara a cara con "nosotros". Y en el fondo, sabemos la verdad - no podemos mentirnos a nosotros mismos. Quizá podríamos durante un tiempo. Pero esta traición terminaría muy pronto, pues de esa manera no podemos seguir el budo, ya que se convertiría en un concepto sencillamente vacío. Llegaría a ser imposible de llevar y terminaríamos en un gimnasio con pesas, instructores "personales", fijando horarios, siendo incapaces de asumir responsabilidad por nuestros actos, y por ello buscando "recompensas" y "satisfacción" a través del mundo comercial, ya que éste ofrece mucho de ello - muchas ilusiones.

Hay una cosa que he aprendido: el karate nos enseña a dejar ir las cosas porque de alguna manera se nos pide que estemos desapegados. Esencialmente, únicamente se nos pide que tomemos posesión de nuestro karate/camino, y que asumamos responsabilidad por nuestras acciones. Son todo cosas intangibles; no hay nada a lo que agarrarse - y nada con lo que identificarse. Eso es budo. A diferencia del karate deportivo, en el que te identificas con un club, con un instructor, con una asociación... El budo es un camino que va en una dirección completamente diferente. Yo creo que el budo nos permite entender cómo funciona nuestro ego. Entendiéndolo, somos capaces de controlarlo, de controlar nuestra mente, "desidentificarnos" y dejar ir las cosas. Pero tenemos que dejar de resistirnos a nuestras debilidades - o mejor, primero, es necesario que las reconozcamos y las aceptemos. De algún modo la aceptación inicial permite mayor trabajo en los rasgos negativos, incluyendo nuestros puntos débiles.

De nuevo, se trata de "no compares y no compitas", como dice Barrett sensei. Aprendiendo a no competir y a no comparar, nosotros, de hecho, trabajamos nuestro ego y lo mantenemos bajo control. Es el ego lo que nos empuja a estar continuamente comparando y lo que nos pide ser mejores y poseer más que los demás. Pero comparando, simplemente estamos buscando a otras personas que, "a diferencia de nosotros", están equivocadas o son peores. Siguiendo el camino del budo, no comparamos, sino que nos centramos completamente en nuestro propio camino. Al hacerlo, dejamos de juzgar.

La belleza del karate es que no existe nada parecido a "si no lo has hecho a los 30, nunca lo conseguirás"; no hay ningún límite de edad. Algunas personas alcanzan cierta comprensión del karate en la veintena (los afortunados), algunos tienen que esperar hasta llegar a los treinta o cuarenta, o incluso más tarde. Y para algunos, ese momento puede que nunca llegue. Pero de lo que se trata es de no estar demasiado preocupado por llegar a algún sitio, y en lugar de ello prestar atención al camino y al acto de "hacer" más que de "llegar" a algún sitio y "buscar" algo.

Y así, en contra de las presiones de este mundo relativas a la belleza, el aspecto, y la juventud, el karate ofrece un camino distinto; porque realmente se vuelve mejor a medida que nos hacemos más mayores y sabios. La juventud es un lugar de exploración, probando cosas y obteniendo más comprensión de adónde quieres llegar. Y una vez algo encaja - escuchamos como una llamada, por decirlo de algún modo - quizá sabemos que con un pie ya hemos abandonado los tiempos de la juventud y nos hemos embarcado en un viaje diferente buscando más conocimiento y de algún modo sabiendo más acerca de nuestra identidad. Es ese momento, cuando empezamos a comprendernos a nosotros mismos y quiénes somos en realidad lo que nos permite ver una vía diferente ante nosotros.

Como mi profesor, Garry Lever sensei, dijo una vez: "En una pelea, no abandones, ¡aguanta y levántate! Es tu corazón y tu espíritu lo que marca la diferencia". Nunca lo he olvidado. Ha permanecido impreso en mi mente y constantemente me acordaba de ello cuando lo necesitaba. En la vida, a veces no podemos predecir y planear cómo ocurren las cosas. A veces, la vida nos pone cosas en el camino que preferiríamos borrar en lugar de atravesar. Pero yo creo que todo pasa por alguna razón y de alguna manera únicamente "recibimos" lo que podemos soportar y para dar un paso hacia delante en nuestro desarrollo y comprensión, y en realidad, todo sirve un propósito: "educarnos". Pero lo que siempre nos queda es la elección de cómo responder - ya sea en una situación de combate o en la vida en general. Y una vez llegamos a ser conscientes de esto, tenemos realmente el control de lo que está sucediendo. Porque siempre tenemos elección - dirigimos nuestro propio camino, nadie lo hace por nosotros.

Gilbert, un novelista americano, escribió un artículo acerca de la escritura y, entre otras cosas, dijo: "Siempre, al final del día, lo importante es siempre y únicamente eso: Vuelve al trabajo. Ese es un camino para los valientes y los fieles. Debes encontrar otra razón para trabajar, que no sea el deseo del éxito y el reconocimiento. Debe provenir de otro sitio." Aunque esto se escribió sobre la escritura creativa, yo lo encuentro muy aplicable al karate. Es exactamente esto: deja de quejarte por todo, por no tener esto y aquello, y por no ser capaz de llegar adonde quieres. Simplemente sigue con ello, céntrate en ir paso a paso, trabaja en ello y hacia ello, ¡pero deja de quejarte! Yo misma tuve que aprenderlo. En alguna época, solía ser una maestra de las lamentaciones - podrían haberme dado una medalla - y obviamente mi vida iba en consecuencia. Ahora me doy cuenta de que tengo todo cuanto necesito.

Yo creo que el camino del karate es de algún modo realmente un camino para los valientes y los fieles. Y la razón para practicar karate también tiene que venir "de otro sitio", quizá ese sitio sea "del interior", ya que no tiene nada que ver con el éxito ni el reconocimiento. Una vez entra en juego el reconocimiento es una historia completamente diferente. El problema del reconocimiento es que siempre incluye a otros, y su juicio y perspectiva. Una vez nos embarcamos en un camino que implica "arte" en cualquiera de sus formas, es algo muy distinto a cualquier otro viaje que pudiéramos haber emprendido, porque llega a ser muy personal y el camino de distintos artistas nunca es el mismo.

Katarina Lezova

“No importa cuánto puedas destacar en el arte del Karate y en tus esfuerzos académicos,
nada es más importante que tu comportamiento y tu humanidad observada en la vida diaria.”