Japón: Siguiendo los Pasos de los Maestros
(Parte 3 - Okinawa)
por Katarina Lezova

Era viernes por la mañana y me marchaba de Kyoto hacia el aeropuerto de Osaka. El trayecto desde Kyoto fue muy cómodo gracias al monorraíl que va directo al aeropuerto. Encontrarme en el aeropuerto de Osaka fue una experiencia diferente, ¡tenía la sensación de ser la única extranjera en todo el aeropuerto! Tenía ante mí la última parte de mi viaje: Okinawa. Estaba muy emocionada, pero también era consciente de que me adentraba en lo desconocido, ya que esta tercera parte del viaje era la menos organizada. Había intentado contactar con ciertos dojos antes de mi llegada, pero no hubo suerte, así que decidí dejarme llevar y seguir mis propios planes e ideas al llegar a Okinawa. Tenía fe en que las cosas saldrían bien, pero no sabía qué esperar. Había oído hablar mucho de Okinawa a aquellos que habían visitado la isla, y ahora era mi turno de experimentarlo por mí misma, iba a pasar una semana en la isla.

Aterrizamos en Naha poco después de las 4 de la tarde. Estaba realmente emocionada cuando bajé del avión y pisé Okinawa. Durante muchos años, visitar la isla había sido un sueño, algo que aspiraba hacer; de hecho, empecé a sentir la necesidad de hacerlo, como si me faltara una pieza del puzle en mi camino de artes marciales.

Había mucha humedad en Naha, pero habiendo pasado las dos semanas anteriores en las islas principales de Japón, estaba preparada, hasta cierto punto, pero aun así me impactó el calor y la humedad de Okinawa. Antes de llegar había impreso varios mapas de Google, y el primero era el de mi alojamiento: el Harumi Youth Hostel de Tomari. Desde el aeropuerto, cogí el monorraíl hasta la estación Miebashi (un medio de transporte muy conveniente para llegar al centro de Naha y Shuri) y desde allí busqué el hostal. El hostal pertenece a Ohama-san y a su esposa. Ofrece un alojamiento simple con un ambiente familiar, que se agradece mucho, y yo estuve muy a gusto, por tanto, lo recomiendo. Mike Clarke Sensei me recomendó este sitio, y se lo agradezco. Antes de llegar a Japón había intercambiado un par de e-mails con Ohama-san para confirmar las fechas de mi estancia. Sin embargo, cuando llegué al hostal y dije que tenía una reserva allí para una semana, Ohama-san no parecía muy convencido. De inmediato me vinieron a la cabeza historias sobre alojamiento que había escuchado contar a mi profesor de Karate, de cuando él visitó la isla por primera vez. Afortunadamente, tenía el e-mail de confirmación impreso, y me presenté de nuevo. Cuando Ohama-san vio el e-mail, sencillamente se rió y dijo que sí, que por supuesto todo estaba en orden. ¡Dijo que esperaba que fuera un chico!

Mi habitación estaba en el segundo piso; simple, pero con aire acondicionado, que venía muy bien, y también un pequeño televisor. Cuando pude dejar mi equipaje y cambiarme de ropa ya era casi de noche, y decidí dar un paseo hasta la famosa Kokusai-dori y empezar a conocer un poco los alrededores. Quería familiarizarme con la zona para poder ubicarme y buscar algún sitio donde cenar un poco. Encontré Kokusai-dori sin problemas, y de camino también vi la conocida tienda de Shureido. Pasear por las calles de Naha fue una experiencia interesante. Al principio me sorprendió la cantidad de hormigón y la similitud de las casas, y me resultaba algo extraño. Pero, curiosamente, hacia el final de mi estancia me había acostumbrado y hasta puede que incluso me llegara a gustar. Tenía curiosidad por ver lo que me esperaba en Okinawa, y me sentía contenta y satisfecha por el simple hecho de estar allí, respirando el aire okinawense. Kokusai-dori me pareció bastante comercial al principio, y en cierto modo muy occidental, con mucha publicidad y luces parpadeantes. Como pasa siempre, uno necesita permanecer más tiempo en los sitios para llegar a conocer a la gente de la localidad, su carácter, y no dejarse engañar por la primera impresión. Compré algo para cenar en un supermercado, y cuando me dirigía de vuelta al hostal, ¡llegó una tormenta y me empapó por completo! Aprendí la lección de esta experiencia y llevé un paraguas en la mochila durante el resto de mi estancia, ya que la lluvia llegaba a menudo inesperadamente ¡y en abundancia! Otra razón para llevar siempre chanclas.

Llegaba el fin de semana y mi plan era empezar mi tiempo en Okinawa visitando el Museo de Karate de Hokama Tetsuhiro Sensei en Nishihara y, si era posible, hacer con él el recorrido de Karate. También contacté con mi amigo y profesor de Shiatsu, Joel Reeves, para ver si sería posible conocer a alguno de sus amigos de Okinawa y, con un poco de suerte, quizá a la familia de Higa Kiyohiko Sensei.

El sábado por la mañana me preparé la mochila y fui a la tienda Shureido. Había oído hablar mucho sobre esa tienda, así que fue agradable estar allí y echar un vistazo. Pedí un poco de ayuda para que me indicaran cómo encontrar el dojo de Hokama Sensei. La mujer con la que hablé me dijo que podría coger un taxi o el autobús. Llamé por teléfono a Hokama Sensei, me presenté y le pregunté si podría visitar el Museo de Karate. Fue muy amable y sólo me preguntó cuándo me gustaría ir exactamente.

Teniendo en cuenta que Nishihara está a una media hora en autobús del centro de Naha, fui a Kokusai-dori y me dispuse a coger un taxi. No obstante, pronto me di cuenta de que no sería tan fácil como pensaba. Había un joven en la esquina de la calle repartiendo folletos, y le pregunté si sabía dónde sería mejor coger un taxi. Me preguntó adónde quería ir, así que le enseñé la dirección que tenía escrita en un trozo de papel y él me dijo que me ayudaría a detener un taxi. Cuando el tercer taxista con el que habló tampoco conocía la dirección, empecé a preocuparme un poco, pensando que mi plan de visitar el Museo ese día podría no salir bien. Sin embargo, en el centro de Kokusai-dori hay un centro turístico, así que me dirigí allí en busca de ayuda y me enteré que había autobuses que iban a Nishihara. El caballero que había allí era el típico okinawense, con una bonita camisa de flores y una gran sonrisa. Posteriormente regresé a verle con otras preguntas, y siempre fue muy servicial. Me recomendó coger el autobús y me informó de dónde paraba.

Esta experiencia empezaba a parecerse bastante a una aventura, porque no hablo japonés, a excepción de unas cuantas palabras y frases simples. Afortunadamente, cuando estuve en Kyoto con Sue tuvimos que coger el autobús, y pude ver cómo funcionaba y cómo se paga el trayecto. Al final subí al autobús correcto y después de alrededor de media hora me bajé en Nishihara, delante de un hospital. Estaba un poco confundida por el mapa y las siguientes indicaciones, pero sabía que había llegado hasta Nishihara y que ¡no me iba a ir hasta encontrar el Museo! Un conductor de taxi me dio más indicaciones, y continué con mi búsqueda. Entonces vi a una mujer cruzando la calle, y le pregunté si iba en la dirección correcta hacia el dojo de Hokama Sensei. Reconoció el lugar de inmediato y me pidió que la acompañara. Al girar a la derecha en la esquina, nos vimos frente a su coche, ¡y me llevó! Me sentí muy agradecida y afortunada. También empecé a ser más consciente de lo agradables y serviciales que son los okinawenses. Te hacen sentir bienvenido, y siempre están dispuestos a ayudar. Como pude experimentar en diferentes ocasiones durante el viaje, tienen un verdadero deseo de ayudar, y sientes su amabilidad con bastante intensidad.

Llegué a la entrada del dojo y del Museo - visible desde la distancia, ya que el edificio está pintado de amarillo chillón - y Hokama Sensei me recibió como si nos hubiéramos conocido antes, y eso me confundió un poco, pero a decir verdad, las cosas empezaban a dejar de sorprenderme. Antes de mi viaje había visto muchas fotografías del dojo y en particular del Museo de Hokama Sensei, y quizá por eso todo me resultaba muy familiar. El Museo de Karate se encuentra arriba del dojo de Hokama Sensei y fue establecido en enero de 1987.

Hokama Dojo/Museo
Entrada al Dojo y Museo de Karate de Hokama Sensei, Nishihara

Hokama Sensei preparó té, y me sentí agradecida por su amable bienvenida. Tuve suerte, porque había regresado de un viaje a Alemania el día de antes. Tras algo de conversación, me di cuenta que pensaba que yo era una de sus antiguas alumnas de Rusia (¡su nombre era muy similar al mío!), así que comprendí la cálida bienvenida y la taza de té. Continuamos hablando sobre mi entrenamiento y mi trabajo, con quién había entrenado, y mis razones para visitar Okinawa. Después pasé unas tres horas en el Museo, dando vueltas y mirando todos los utensilios, imágenes, armas y diplomas que Hokama Sensei había coleccionado. Allí se encuentran muchas viejas herramientas de entrenamiento, y creo que este Museo es visita obligada para todo karateka. Hokama Sensei tiene amplios conocimientos, y el nivel de detalle que puede ofrecer sobre diversos temas es realmente impresionante. También hablamos sobre su investigación de Karate, sobre sus viajes y planes para el futuro. Se pueden averiguar muchas cosas haciendo preguntas - así es como funciona con la mayoría de los maestros que conocí - obtienes información en función de la profundidad de tus conocimientos y del interés que demuestras.

Museo de Karate
Museo de Karate de Hokama Sensei, Nishihara
Picture on display at Karate Museum
Una fotografía del Museo de Karate de Hokama Sensei muestra a Miyagi Sensei con un grupo de alumnos, Instituto Comercial de Naha, 1940

Le pregunté a Hokama Sensei si sería posible hacer el recorrido histórico de Karate con él. El mismo incluye visitar las tumbas de los maestros de Karate y lugares históricos vinculados al entrenamiento y desarrollo del Karate. Hokama Sensei adapta la ruta en función del linaje del practicante. Al principio se mostró algo escéptico, ya que lo ideal es tener a un grupo de personas interesadas para compartir los costes. Afortunadamente, un karateka de Goju-Ryu de Chile, Juan Pablo, estaba entrenando con Sensei para tres meses, y Hokama Sensei dijo que quizá estaría interesado. Llamó al lugar donde se alojaba Juan Pablo y pude hablar con él sobre los detalles del recorrido, y a él le pareció bien. Después Hokama Sensei comprobó si su alumno Taira-san estaría libre para llevarnos en coche, ya que es el mejor medio de transporte. Sólo seríamos cuatro, con lo cual un coche sería suficiente. Tuvimos la suerte de que estuviera libre, así que podríamos hacer el recorrido. Me alegré mucho, pues mi principal objetivo al visitar Okinawa era poder presentar mis respetos a Miyagi Sensei, y visitar su tumba formaba parte del recorrido.

El domingo por la mañana, Hokama Sensei, Taira-san y Juan Pablo vinieron a recogerme al hostal y yo estaba muy emocionada por lo que deparaba el día. Nuestra primera parada fue Urasoe, donde se encuentra la tumba de Chojun Miyagi Sensei. Tener la oportunidad de detenerme un momento frente a la tumba de Miyagi Sensei, el fundador del Karatedo Goju-Ryu, fue una experiencia muy poderosa, y estoy profundamente agradecida por haber podido hacerlo. Presenté mis respetos y pasé unos minutos en silencio, reflexionando sobre el punto en el que me encuentro en mi Karate y agradecida por la vía que Sensei abrió al mundo de las artes marciales.

La tumba de Miyagi Sensei mira hacia el Mar del Este de China, y de alguna manera la vista hacia China parecía algo muy apropiado para la tumba de Sensei, teniendo en cuenta su influencia sobre el desarrollo del Karate. En la colina de detrás de la tumba hay pequeñas cuevas donde la gente se escondió durante la Batalla de Okinawa - uno de los muchos recordatorios de la Segunda Guerra Mundial y del alto precio que tuvo que pagar la gente local.

Tumba Miyagi
En la tumba de Miyagi Chojun Sensei (1888-1953), Ginowan
(En la piedra de la derecha se puede ver el blasón de la familia de Miyagi Sensei)

Después visitamos la tumba del Rey Sho Shin, que fue rey de Ryukyu durante cincuenta años (1477-1526). Continuamos nuestras exploraciones por un Shuri Ryusen cercano, donde pudimos conocer el bingata y tinte coral de textiles tradicional okinawense. Era un bonito lugar, y el bingata expuesto te dejaba sin palabras. No tuvimos tiempo de permanecer mucho rato pero me dije a mí misma que, si podía, volvería a visitar ese lugar por mi cuenta para participar en un taller artesanal. El tinte de tejidos es uno de los cinco artes tradicionales de Okinawa (los cuatro restantes son la alfarería, el lacado, los objetos de cristal y los tejidos de lana) y por tanto es parte importante de la cultura.

Después volvimos al coche y nos dirigimos a la tumba de Kanryo Higaonna Sensei, que se encuentra en Shuri, no muy lejos del parque Bengadake. Su tumba es la última de la fila, cerca de un camino rodeado por hierba alta, y sin la ayuda de Hokama Sensei y sin conocer la zona, habría sido muy difícil encontrala, así que el recorrido con él fue realmente valioso. Hokama Sensei también incluía siempre una serie de historias y explicaciones que proporcionaban apreciada información adicional y mayor significado a la experiencia. Tras detenernos unos momentos y presentar respetos al maestro de Miyagi Sensei, nos dirigimos a un cementerio en Makabe (Naha) donde se encuentran las tumbas de tres importantes maestros okinawenses de Shuri-te.

Tumba Higaonna
Tumba de Kanryo Higaonna Sensei (1853-1915)

Primero visitamos la tumba de Chomo Hanashiro Sensei, y a continuación la tumba y monumento de su maestro, Itosu Anko Sensei. Como apuntó Hokama Sensei, Chomo Hanshiro fue uno de los tres okinawenses que se presentaron voluntarios y fueron aceptados en el ejército japonés durante la Era Meiji. En total, cincuenta okinawenses se presentaron voluntarios, pero sólo tres pasaron el examen físico, y los tres eran alumnos de Itosu Anko Sensei (los otros dos eran Yabu Kentsu y Kudeken Kenyu).

Alumno de Bushi Matsumura, Itosu Anko es especialmente conocido por sus "10 Lecciones de Karate", que escribió en 1908. Gracias a él el Karate fue incluído en el programa de educación física de las escuelas. La última tumba que visitamos en este cementerio fue la de Bushi Matsumura. La historia que cuenta cómo derrotó a un toro es muy conocida. Una de sus enseñanzas era "déjate llevar". Curiosamente, su esposa Tsuru también era una conocida karateka.

Durante el recorrido le pregunté a Hokama Sensei si sería posible ir a Tomigusuku para visitar la tumba de Miyazato Sensei. Me alegré cuando anunció que sería la siguiente parada. Miyazato Sensei se convirtió en alumno de Chojun Miyagi Sensei en 1938, y en 1953 estableció el Jundokan. Fue el profesor de Barrett Sensei, y presentarle mis respetos era parte importante de mi "peregrinaje". Me sentí muy afortunada porque en un mismo día había tenido la oportunidad de detenerme y hacer una reverencia frente a las tumbas de los maestros que me precedieron y que tuvieron un impacto tan crucial en el desarrollo del Karate Goju-Ryu.

Tumba Miyazato
Tumba de Miyazato Eiichi Sensei (1922-1999), Tomigusuku

De vuelta hacia Tomari, visitamos el Parque Matsuyama, otro lugar importante incluido en el recorrido. Ése era el lugar de entrenamiento del grupo Matsuyama; allí se reunían los practicantes para entrenar juntos y aprender de los maestros chinos que llegaban a Okinawa. En 1987 se erigió en el parque un monumento en honor a Miyagi Sensei y Higaonna Sensei.

Parque Matsuyama
Monumento a Higaonna Kanryo Sensei y Miyagi Chojun Sensei en el Parque Matsuyama. Con Hokama Sensei y Taira-san.

Enfrente del Parque Matsuyama está el Jardín Fukusyuen, construido para celebrar el décimo aniversario del establecimiento de la relación de hermandad entre las ciudades de Naha y Fuzhou (China). El jardín fue construido utilizando materiales procedentes de Fuzhou. Su larga historia se remonta a la época en la que las 36 familias de Fuzhou llegaron a Naha. Un monumento cercano lo conmemora. El jardín constituye tres espacios elementales de luminosidad, calma y resplandor. También se compone de vistas y edificios representativos de Fuzhou: tres montañas (los Montes Yu, Wu y Ping), dos pagodas (Pagoda Blanca y Pájaro) y una masa de agua (el Río Min). Los edificios están hechos únicamente de madera y las entradas están ubicadas en cada uno de los cuatro puntos cardinales.

Monumento a las 36 Familias
Monumento conmemorativo de la llegada de las 36 Familias de Fujian a Naha en 1392, Tomari

Atravesando Tomari en coche, pasamos por Higashi-machi, donde nació y vivía Miyagi Sensei. Nuestra última parada era el monumento en honor al maestro Matsumora, ubicado en un parque infantil de Tomari. Tras el recorrido tenía mucha información y experiencias que procesar. Poder ver todos estos lugares de los que anteriormente sólo había leído en los libros fue parte fundamental de mi estudio de artes marciales y una experiencia inolvidable. Tenía más que ver con la "sensación" y el "haber estado" en todos esos lugares que con la información y los detalles históricos adicionales que obtuve. La única forma de experimentarlo por ti mismo es ir allí, ninguna otra cosa puede compararse con vivir la experiencia.

Tras tomar unas notas ya de vuelta en el hostal, por la tarde fui a dar un paseo a los famosos Tsuboya y Heiwa-dori. Al pasar primero por Kokusai-dori, el sonido del sanshin creaba buen ambiente. El distrito de Tsuboya es bien conocido por su alfarería - denominada "yachimun" en el dialecto okinawense. Es aproximadamente una calle larga de 400m entre Heiwa-dori y Himeyuri-dori. La técnica que se utiliza en Okinawa tiene su origen en China, y posteriormente fue influenciada por la cerámica de Japón y Corea. Tsuboya está repleto de pequeñas tiendas de alfarería, normalmente familiares, con bonitos artículos de artesanía. ¡También era hora de probar algo de soba y goya chanpuru okinawense!

Shisa
Shisa cerca de Tsuboya, el famoso distrito alfarero.
Tienda de alfarería (Tsuboya)
Una tienda alfarera de Tsuboya-dori y su propietaria. Aquí compré un par de shisa.

El lunes por la mañana decidí ir a Shuri. Me dirigía al pavimento Kinjo y al Castillo de Shuri. Siempre que puedo, prefiero caminar a coger transporte público, así que, en lugar del monorraíl, fui andando desde Tomari hasta Shuri, atravesando Asato. Al pasar por Asato encontré el Jundokan, que estaba cerrado en ese momento y abría de 17 a 22. Miré a través de la puerta de cristal y vi la conocida imagen del dojo y el busto de Miyagi Sensei.

Continué, siguiendo un mapa impreso, hasta el Castillo de Shuri. Supe que iba en la dirección correcta cuando llegué a una calle principal donde se indicaba que el Castillo de Shuri estaba a 1,8 Km y el pavimento Kinjo a 1,2 Km. Finalmente llegué al principio del pavimento Kinjo. Sinceramente, estaba bastante emocionada, sabiendo que Miyagi Sensei solía entrenar allí y subir corriendo. Mi profesor subió corriendo cuando visitó la isla con su sensei, así que era algo que realmente debía hacer. Me cambié las chanclas por zapatillas y me preparé. Desde abajo parece que no va a ser difícil subir hasta arriba, ¡pero se vuelve bastante empinado! Primero empecé a correr, y después hacía todo cuanto podía para alcanzar la cima y continuar hasta el final. Si piensas que estás en buena forma, ve allí y sube corriendo; ¡eso te dirá si realmente lo estás! Me crucé con algunas personas - que probablemente pensaron que estaba un poco loca - pero una vez alcancé la cima tuve una sensación de logro y estaba muy contenta de haber tenido la oportunidad de subir corriendo, siguiendo los pasos de aquellos que me precedieron, y a quienes respeto. Ya arriba, empezó a llover con fuerza, y la lluvia ya no paró durante todo el día.

Pavimento Kinjo (Shuri)
Al principio del pavimento Kinjo, Shuri

Desde lo más alto del pavimento Kinjo sólo hay un paseo de un minuto hasta el Castillo de Shuri. Fue construido hacia el siglo XIV y fue el centro del Reino Ryukyu y de su política, asuntos exteriores y cultura durante alrededor de 500 años. Es un castillo impresionante y bonito que en 1406 se convirtió en trono del Rey Sho Hashi, que unió la isla. El Castillo fue destruido durante la Batalla de Okinawa en 1945 y restaurado en 1992 para conmemorar el vigésimo aniversario de la restitución de Okinawa en Japón. En diciembre de 2010 fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Como la lluvia se estaba volviendo más fuerte, decidí atravesar la famosa puerta Shureimon en la que se leen los kanji "Tierra del Decoro" y llegué al lugar Shuri Ryusen que ya había visitado.

Bingata
Resultado de asistir a un taller de bingata en Shuri Ryusen, Shuri

Bingata representa el trabajo de tintado okinawense. Inspirado por la naturaleza y sus elementos - como el sol, el viento y el mar - convierte un simple tejido en algo hermoso, y le da una forma diferente, como si de alguna manera dejara estampado el sello de Okinawa y todo lo que ello contiene.

Pasé el martes explorando Tomari, me quedé unas cuantas horas en la playa de Naminoue, donde disfruté bañándome en el mar, y tuve la oportunidad de pararme a reflexionar sobre mis tres días anteriores en la isla. También visité el cercano santuario de Naminoue. Al principio parecía que sería un agradable día nublado, pero el cielo se aclaró y ¡hacía mucho calor! Después de pasar horas andando y de beber litros de agua y té verde de las máquinas expendedoras, empecé a sentir el sol cada vez más. Continué andando a través de Tomari, quería visitar de nuevo el área de entrenamiento Matsuyama. Cuando fui con Hokama Sensei teníamos poco tiempo, y quería pasear adecuadamente alrededor del parque y explorar la zona. Sin embargo, después del Parque Matsuyama, sabía que tenía que comer algo y apartarme de la luz del sol. Fui a Heiwa-dori y paré en Akasatana – un pequeño restaurante familiar - a tomar soba okinawense, lo cual ayudó bastante. Después visité el mercado de Makishi, que estaba cerca. Un lugar muy colorido lleno de productos locales, comida y pescado.

Mercado de Makishi (Naha)
Mercado de Makishi, Naha

Mientras tanto, todavía no tenía noticias de los amigos de Joel, y pensé que quizá estarían ocupados y no era un buen momento para encontrarme con ellos, pero decidí mandar otro e-mail y ver qué podía hacer, o quizá llamarles desde Okinawa sería mejor. Como descubrí posteriormente, habían estado intentando llamarme pero por alguna razón no habían podido hacerse conmigo. Al final, el martes por la noche, conseguí contactar con Kiyohiro-san, hijo de Higa Sensei, y quedamos para conocernos en persona.

El miércoles por la mañana, Kiyohiro-san vino a recogerme al hostal, y fuimos en coche a comer al restaurante familiar de su hermano. Habíamos hablado un poco y yo le había explicado que, si era posible, me gustaría conocer a su padre, Higa Sensei, y que estaría muy interesada en entrenar con él, si había posibilidad. Sin embargo, antes de llegar al restaurante de su hermano, Kiyohiro-san me preguntó si me gustaría pasar primero por el Bugeikan y ver el dojo. Por supuesto, me pareció bien, y me di cuenta de que eso significaba conocer a Higa Sensei, ya que el dojo se encuentra en la primera planta de su casa. El encuentro con Higa Sensei fue un momento realmente agradable. Kiyohiro-san me presentó a su padre, y nos sentamos en seiza para hablar durante un rato. Uno de sus alumnos nos trajo una bebida de fruta casera, refrescante con un clima tan cálido. Le pedí a Kiyohiro-san que tradujese algunas cosas sobre mi entrenamiento, linaje y viaje a Okinawa. Cuando mencioné a Eiichi Miyazato Sensei, Higa Sensei comentó que "era un buen hombre". Tras responder a algunas de sus preguntas sobre mi entrenamiento, me preguntó si me gustaría participar en el entrenamiento de la tarde. Acepté su invitación encantada, por descontado.

En este punto me gustaría dar la gracias a Joel Reeves - que enseña artes marciales okinawenses y es un profesional del Shiatsu - por su amistad y por su carta de presentación inicial para su profesor, Higa Sensei, y por ponerme en contacto con su familia. Su recomendación contribuyó a la cálida bienvenida que recibí, y antes de la noche del jueves había conocido a casi toda la familia Higa y había tenido la oportunidad de practicar con Higa Sensei. Aunque corto, mi entrenamiento con Higa Sensei fue muy enriquecedor. Aquellos interesados en saber más acerca de la experiencia particular de Joel aprendiendo de Higa Sensei deberían leer su libro recientemente publicado "The Karate-ka: A Search for the Old to Understand the New", ya que proporciona una reflexión muy personal y profunda de su entrenamiento.

Con la familia Higa también hice dos excursiones. El miércoles, la hija de Sensei, Mineko, el hijo, Kiyotomo, y el nieto, iban al Acuario de Motobu y me preguntaron si me gustaría ir con ellos. El entrenamiento con Higa Sensei no era hasta más tarde, así que me alegré de poder ir con ellos y ver otra parte de Okinawa, en este caso, el norte. Hasta cierto punto, me había acostumbrado a pasar tiempo sola explorando lugares, así que fue una buena oportunidad para conocer mejor Okinawa y a los okinawenses. Una vez dejamos atrás Naha con el coche, los paisajes empezaron a volverse más y más verdes, e ir en coche al lado de la costa proporcionaba una bonita vista del mar. Los colores se volvieron muy vívidos.

Acuario (Okinawa)
Acuario en Motobu donde los colores okinawenses y el mundo marino se muestran en su plenitud

La segunda excursión, el jueves, fue con el otro hijo de Higa Sensei, Kiyohiro, que me llevó a Ryukyu-mura. Kiyohiro-san no practica Karate, pero tiene un estudio de danza en Itoman. Durante nuestro viaje en coche le hice tantas preguntas sobre Okinawa y los okinawenses que me sorprendió que no dejara de responder. Atravesamos la aldea de Chatan y pasamos por Kadena tomando la Ruta 58. Ryukyu-mura es una aldea que se construyó para recrear el estilo de vida del Reino Ryukyu y para mostrar la vieja cultura okinawense, incluyendo artesanía y comida. Los típicos shisa estaban por todas partes, y también se vendían Ishiganto como souvenirs. Ishiganto son pequeños trozos de piedra que se encuentran en las intersecciones de Okinawa. En la piedra hay inscritos tres caracteres chinos cuyo significado es ahuyentar a los espíritus malignos. Según el folclore chino, los espíritus malignos tienen el movimiento limitado a líneas recta. Por la forma en la que están construidas las casas, los Ishiganto son fundamentales para evitar que los espíritus malignos se cuelen dentro.

Ryukyu Mura
Ryukyu-mura

Los dos entrenamientos en los que participé en el Bugeikan fueron una gran oportunidad para aprender algo nuevo y ver un estilo diferente. Según el libro "Okinawan Karate - Timeline and 100 Masters" de Hokama Sensei, en el año 2000 Higa Kiyohiko Sensei fue reconocido oficialmente como el sucesor del estilo de Karate Shuri-te de Hanashiro Chomo. Me sentí privilegiada por poder pasar algún tiempo en su dojo. Antes de empezar el primer entrenamiento, Higa Sensei se interesó en averiguar por qué quería entrenar Shuri-te. Le expliqué mis motivos y que me gustaría aprender la suavidad de su estilo.

La práctica realmente me aportó una buena reflexión y una mejor perspectiva de mi propio estilo. El Shuri-te no sólo es más suave, los desplazamientos también son diferentes - es muy ligero y el movimiento es sobre el tercio anterior de los pies. Debería ser tan ligero que no se oyeran los desplazamientos sobre el tatami. También se practican más movimientos circulares. Durante el primer entrenamiento nos centramos en el Sanchin de Shuri-te. Es diferente al Sanchin que nosotros practicamos, principalmente en los movimientos de las manos, pero los fundamentos son los mismos. También hicimos entrenamiento por parejas y Sensei hizo hincapié en activar dedos y pulgares al golpear puntos vitales.

El segundo entrenamiento empezó con ejercicios preparatorios y práctica de movimiento ligero, seguido de entrenamiento con compañero donde practicamos una variedad de combinaciones para evitar un ataque o derribar al oponente. Hacia el final del entrenamiento empezó a sonar música de sanshin en el dojo y eso enriqueció el ambiente agradable. Antes de terminar, un grupo de mujeres mayores empezaron a llegar al dojo para su sesión. Mientras continuábamos con el trabajo por parejas, las señoras empezaron a dar vueltas en círculo alrededor nuestro, practicando algunas técnicas de relajación.

Durante el trascurso de ambos entrenamientos, la madre de Higa Sensei estuvo presente, sentada al frente en una silla, a la derecha de Sensei. La veneración de los ancestros es un elemento importante de la cultura, y se considera una religión tradicional. Tras terminar el segundo entrenamiento, Higa Sensei me pidió que me presentara a su madre, y me sentí casi como obteniendo su aprobación por estar allí o más bien como explicando mi presencia. Allí el respeto hacia los ancestros es muy importante. Después Sensei me preguntó qué pensaba del entrenamiento, y si me había gustado. A pesar de su edad, el agarre de Higa Sensei era muy poderoso, y los giros y torsiones bastante dolorosos, pero al mismo tiempo, todo parecía suave. No había ningún esfuerzo, y parecía un baile.

Fui al Bugeikan para aprender algo diferente, y por eso me puse un cinturón blanco durante los entrenamientos. Higa Sensei conocía mi grado y me preguntó acerca del cinturón (blanco) y mis razones. Tras explicar mi punto de vista, dijo que mi técnica era buena, y que la próxima vez que fuera debería llevar mi cinturón negro, ya que todos hacemos Karate. Continuó diciendo que realmente el estilo no importa, que lo que importa está en tu corazón. Higa Sensei me dijo que podía volver y entrenar con ellos de nuevo, e incluso quedarme más tiempo si quería aprender más, ya que no habíamos tenido mucho tiempo. Sentí una calidez abrumadora, seguida de una sensación de satisfacción. Me marché de Gibo ya tarde, pensando en el impacto de todas estas experiencias, y por encima de todo, estaba agradecida por las palabras de despedida y el tiempo pasado en el Bugeikan. Era mi última noche en Okinawa, al día siguiente me marchaba a Tokyo, y desde allí mi último vuelo a Londres, que me daría mucho tiempo para pensar en las tres semanas pasadas en Japón.

Bugeikan
En el Bugeikan. En el centro Higa Kiyohiro Sensei; en el asiento a su derecha, su madre; al lado de ella, una de las alumnas de Sensei; a su izquierda, su hijo Kiyotomo y Mamoru Nakamoto Sensei de Shorin-Ryu.

Conclusión: Onko Chi Shin

Echando la vista atrás, me alegro mucho de haber visitado tanto las islas principales de Japón como Okinawa, porque me ha permitido conocer casi dos culturas distintas y ver diferentes cosas, y por tanto, quizá, entender mejor. Como dijo Henry Miller: "El destino de uno nunca es un lugar, sino más bien otra forma de ver las cosas". Y así es como realmente siento que fue mi viaje.

Pienso que todo aquel que practica Karate debe visitar Okinawa en algún momento, porque nada es comparable a estar allí. Pero es como todo: lo que realmente importa es lo que haces de tu propio Karate y hacia dónde quiere conducir tu práctica.

El viaje me enseñó mucho sobre mí misma. Particularmente, en Okinawa tuve que decidir por mí misma, y como resultado, mis decisiones me llevaron a vivir las experiencias que he descrito. Reflexionando, quizá esa fue una de las lecciones más importantes. Detenerte, mirar hacia tu interior y, aunque pueda sonar sentimental, seguir a tu corazón. Había oído hablar mucho de Okinawa a otras personas que visitaron la isla y obtuvieron sus propias experiencias. Al principio, de alguna manera "quería" tener una experiencia similar y casi deseaba pasar por lo mismo. Sin embargo, me di cuenta de que era "mi" viaje, y mis experiencias serían diferentes.

He escrito estas tres contribuciones sobre mi viaje a Japón con la esperanza de que puedan ayudar e inspirar a algunas personas a hacer sus propios viajes y descubrir sus propias aventuras. Me sentí muy afortunada al finalizar el viaje. No obstante, por encima de cualquier otra cosa, se encuentran las personas con las que me encontré durante mi viaje, quienes con su amabilidad, apoyo, hospitalidad y generosidad, hicieron mi viaje muy agradable.

Mi objetivo era caminar sobre la tierra donde Miyagi Sensei vivió y entrenó, y poder presentarle mis respetos. ¿Ha cambiado algo el viaje? Sin duda, ha ampliado mis perspectivas, y lo que es más importante: he vuelto a aprender nuevas "lecciones de vida" y algo más acerca de mí misma. Creo que el cambio es más interno.

Me gustaría dar las gracias a mi profesor de Karate, Garry Lever, que me apoyó y animó a realizar este viaje, y por todos sus consejos y lo que me ha enseñado durante los últimos cinco años. Ha sido un viaje de desarrollo personal en sí mismo. También siento gratitud hacia Barrett Sensei y Mike Clarke Sensei por sus consejos, recomendaciones, y por compartir sus historias. Siempre han sido una fuente de inspiración para mí. Agradezco a Joel Reeves toda su ayuda en Okinawa y fuera de allí; y a Sue Eddie por dedicar tiempo a hablarme de Japón y ayudarme a planificar mi estancia en Kyoto. Ella sigue siendo una verdadera fuente de inspiración para mí, una karateka que vive su vida dando ejemplo. Sin el apoyo de todas estas personas, mi viaje habría sido muy distinto. Finalmente, muchas gracias a todos los Maestros que me permitieron entrenar con ellos durante mi viaje: Miyagi Sensei, Ueno Sensei y Higa Sensei. Soy verdaderamente afortunada.

Y a todos aquellos que han encontrado tiempo para leer mis contribuciones: Gracias por "permitirme" guiaros, al menos con mis palabras, por los lugares que visité. Espero que lo hayáis disfrutado. John Maki Evans escribió: "No puedes ver aquello que no puedes sentir, y no puedes desarrollar habilidad en aquello que nunca has sentido". Por tanto, explorad, experimentad, y poneos a prueba. Aprended del pasado, comprendedlo, y preparaos para el futuro. Y por último, id y ved por vosotros mismos estos y otros lugares. ¡Buena suerte en vuestros propios caminos!

Shisa
Shisa - recuerdo de Okinawa

Katarina Lezova
(2015)

“No importa cuánto puedas destacar en el arte del Karate y en tus esfuerzos académicos,
nada es más importante que tu comportamiento y tu humanidad observada en la vida diaria.”