Japón: Siguiendo los Pasos de los Maestros
(Parte 2 - Kyoto)
por Katarina Lezova

La segunda parte de mi diario de Japón refleja el tiempo que pasé en Kyoto y los viajes que hice alrededor de esta ciudad. Contiene más imágenes que la parte anterior, espero que disfruten del elemento añadido a mi descripción escrita de los acontecimientos, situaciones, y experiencias. A decir verdad, ¡he intentado minimizar al máximo el número de fotografías para que el segundo artículo no fuera únicamente imágenes!

Tras cinco días en Tokyo, el sábado por la mañana viajé a Kyoto en el tren Shinkansen. El viaje fue muy tranquilo, en general, el transporte público en Japón es extremadamente fiable y cómodo. En un par de horas me reuniría con mi sempai Sue Eddie, una gran karateka, fuente de inspiración, con quien tuve la oportunidad de entrenar una vez el año pasado, cuando visitó nuestro Uraniwa Dojo. Me sentí muy afortunada de que tuviera tiempo para venir a Kyoto tres días para enseñarme la ciudad, ya que ella solía vivir allí. Además, tendría la oportunidad de conocer y entrenar con su profesor de Karate, Ueno Sensei. Sue ha estado viviendo en Japón los últimos veinte años, y para mí ha sido un modelo a seguir, alguien que vive dando ejemplo. Nunca he conocido una karateka tan fuerte que a pesar de ello mantenga su suavidad y belleza. Además, si pasas tan solo cinco minutos con ella, no te queda otra opción que no sea sonreír y adoptar una actitud positiva. Transmite positividad, así que os podéis imaginar cómo me sentí después de pasar tres días con ella en Kyoto.

Mi tiempo en Kyoto se dividió en dos partes: los primeros tres días con Sue, y los tres días siguientes viajando alrededor de Kyoto por mi cuenta. Cuando llegué a Kyoto quedé con Sue en una de las estaciones de metro. Todo salió según lo planeado, y me alegré de volver a verla.

Nuestra idea para el sábado era registrarnos en el hostal y después irnos directamente al Centro Tao, a los cánticos budistas. Estaba muy emocionada por practicar cánticos en Kyoto. Sue practica budismo Jodo Shu. El Centro Tao estaba muy tranquilo, y como era agosto, otros miembros del Centro estaban ausentes o viajando y sólo estábamos tres personas haciendo los cánticos. Mi primera introducción al budismo fue a través de mi profesor de Karate, Garry Lever, y después empecé a estudiar budismo Nichiren con su sensei, Tsukamoto. La mayor parte de la sesión la pasamos en seiza y pasé por un auténtico desafío cuando mi determinación y perseverancia fueron puestas a prueba. No tengo ningún problema en sentarme en seiza, pero pronto me di cuenta de que permanecer en esa posición durante hora y media es otra historia. Sue mencionó al principio que si me dolían las piernas y me resultaba difícil, no pasaba absolutamente nada por sentarse con las piernas cruzadas. Asentí, pero decidí que me exigiría a mí misma tanto como fuera posible, con el objetivo de aguantar toda la sesión. Al empezar, no sabía cuánto duraría, ¡y quizá eso ayudó! Tengo que decir que este cántico me llevó bastante al límite. Mis piernas se rendían, pero traté de centrarme en el cántico. A mitad de la sesión nos levantamos y caminamos en círculos mientras cantábamos. Me levanté, pero mis piernas estaban completamente insensibles de rodilla para abajo. Sue me enseñó la manera de estirar rápidamente para que la sangre volviera a circular bien de nuevo. Cuando pienso en ello ahora, fue una gran experiencia. Sue mencionó más tarde que ellos cantan durante mucho más tiempo, así que esa sesión fue relativamente corta. Al finalizar, tomamos té y frutos secos, y compartimos algunas experiencias con la mujer que dirigió la sesión. Después, ya el último día con Sue, hablamos mucho sobre esta experiencia y nos reímos de buena gana cuando le describí a Sue cómo me sentí, y ella me decía que pensó que era muy cabezota ¡por no sentarme con las piernas cruzadas!

Tenía muchas ganas de pasar unos días con Sue, porque sólo había estado con ella una vez, y sabía que podía aprender mucho de ella. También sabía que tendríamos muchas oportunidades de compartir experiencias y hablar de la vida en general. El sábado por la noche fuimos paseando hasta el centro de Kyoto y Sue me llevó a un buen restaurante de sushi. Para mí, el objetivo de este viaje era entender la cultura de Japón, a través del entrenamiento, pero también a través de la comida, las costumbres, y principalmente las personas. Fue interesante que, cuando estaba en Tokyo, tanto Swfit Sensei como mi amiga Aya me llevaron a comer a restaurantes okinawenses, así que ya estaba familiarizada con el goya champuru o los fideos soba okinawenses y sin duda podía decir que me gustaban mucho.

Al día siguiente por la mañana desayunamos cerca del río Kamogawa, planificamos lo que íbamos a visitar, y después a primera hora de la tarde íbamos a entrenar con Ueno Sensei, el profesor de Karate de Sue, así que llevábamos nuestros karategis en la mochila. Primero, visitamos el Templo Chion Ji. Su Puerta Sanmon es la puerta de madera más grande de Japón. Una vez atravesamos la Sanmon, tuvimos que subir muchas escaleras para llegar a la zona principal del templo. Actualmente, la sala principal está en reconstrucción, pero dimos un paseo por la zona y paramos cerca de un estanque con bonitas flores de loto amarillas. Sue mencionó que tuvimos bastante suerte, ya que las flores sólo se abren durante un día. Al lado del templo, literalmente, se encuentra el Parque Maruyama. Durante la época en la que florecen los cerezos es un lugar muy popular, y se llena de visitantes. Finalmente, pasamos algún tiempo en el Santuario Yasaka Jinja. Es un santuario shinto muy famoso en Kyoto. También se conoce como Santuario Gion, ya que está situado cerca del famoso distrito Gion. Después fuimos a comer a la calle Shinjo. Es una calle muy transitada, llena de restaurantes y tiendas de souvenirs. También tomamos un poco de té matcha con hielo en una de las tiendecitas, y se agradeció mucho, ya que hacía un calor increíble. Pasamos por un par de tiendas de souvenirs para aplacar el calor. Por lo general, no me gusta mucho el aire acondicionado, pero en Japón era muy de agradecer.

Sanmon
Puerta Sanmon del Templo Chion Ji, Kyoto
Yasaka
Visitando el Santuario Yasaka con mi amiga y sempai Sue Eddie, Kyoto

El entrenamiento en el Jun Ei Kan Shi Kan Dojo con el sensei de Sue, Yoshiaki Ueno, empezaba a las 3 de la tarde, y teníamos que coger un autobús desde Kyoto. El dojo de Ueno Sensei se encuentra en la montaña Heizan, en la frontera de Kyoto y Shiza. Este trayecto también fue una buena experiencia para mí, ya que era la primera vez que subía a un autobús en Japón. Sue me explicó cómo funcionan los autobuses, y que pagas al final del trayecto la cantidad que aparece en la pantalla del autobús dependiendo de la parada en la que te subiste. Saber esto me resultó muy útil cuando estuve en Okinawa para viajar en bus hasta el museo de Karate de Hokama Sensei.

Como la mayoría de dojos tradicionales, estaba en la casa de Sensei. Aparte de enseñar Karate, Sensei también es monje budista. Como ya he descubierto yo misma, el estudio de las artes marciales y el budismo está interrelacionado y es muy complementario. Al llegar nos pusimos el karategi y Sue me presentó a algunos miembros del dojo. Normalmente cada uno hace su propio junbi undo y después se centra en algunos aspectos del mismo. El dojo tiene espejos para que los alumnos puedan comprobar su postura. Esa fue una experiencia nueva e interesante, ya que no estoy acostumbrada a tener espejos alrededor mientras entreno.

Yo empecé con mi junbi undo y uno de los sempai de Sue, Taniguchi-san, me ayudó y me dio algunos consejos. Estos consejos estaban relacionados fundamentalmente con la relajación y la exhalación correcta al realizar junbi undo dai san, pero también dedicamos algo de tiempo al estiramiento de gato. Ueno Sensei llegó más tarde, cuando todo el mundo se encontraba trabajando en diferentes aspectos de su entrenamiento. Me recordó mucho a los dojos tradicionales en los que cada uno practicaba aquello que necesitaba. Los sempai ayudaban a sus kohai, pero todo el mundo se responsabilizaba de su propio entrenamiento. Sue me presentó a Ueno Sensei y tuve ocasión de darle algunos obsequios por aceptarme como visitante en el dojo y darme la oportunidad de participar en su entrenamiento. Me preguntó un poco por mi sensei y linaje, hablamos sobre Miyazato Sensei - de las paredes del dojo colgaban muchas fotografías suyas - y después colocó los obsequios en el altar del dojo. Me gustaría aprovechar esta oportunidad para dar las gracias a Sue, que organizó mi entrenamiento y me presentó a su sensei, y entiendo lo importante que es eso.

Después seguimos con un poco de kihon. Esto se hizo en círculo, cada uno contando hasta diez. Hacía mucho calor y humedad ese día, así que el entrenamiento fue bastante exigente. Acto seguido pasamos a kakie. Yo trabajé con Matsui-san, un caballero de 71 años muy fuerte en kakie. Le había conocido con Sue en la parada de autobús de Kyoto. Él viaja para entrenar desde Osaka, lo cual es un largo trayecto, otro testimonio del método tradicional de entrenamiento y de la resolución que demuestran los alumnos cuando encuentran el profesor "adecuado". El simple hecho de observar la práctica en otro dojo, y la manera de comportarse de los alumnos, fue otra experiencia de aprendizaje.

Tras kakie repasamos todos los katas uno por uno. Sue me dijo que fui bastante afortunada y que Sensei lo hizo por mí, para echar un vistazo a todos los que conocía. También dedicamos algo de tiempo a Sanchin, y Sensei me dio consejos sobre algunas partes. Al principio, al conocer a Ueno Sensei, me pareció bastante estricto y no sabía muy bien qué esperar, pero decidí simplemente hacerlo lo mejor posible y dejarme llevar por el ritmo del entrenamiento. Sin embargo, pronto me di cuenta de que tenía muy buen carácter, lo cual fue incluso más evidente durante la fiesta que seguiría al entrenamiento. ¡También empecé a acostumbrarme a que Sue me hablara en japonés! Lo hacía con frecuencia, especialmente al corregirme durante el entrenamiento. Otros alumnos del dojo lo advirtieron también, y nos reímos juntos un poco. El entrenamiento de Karate puede ser duro, y requiere resolución física y mental, pero es bueno encontrar el equilibrio entre go y ju, y a veces estos momentos de risas y sonrisas forman parte de la experiencia tanto como el duro entrenamiento. Sue me ayudó con una serie de cosas en mi junbi undo y mis katas, el objetivo principal era enlazar las técnicas de manera que todo fuera fluido y relajado. Todavía tengo mucho en lo que trabajar, pero unas cuantas piezas "encajaron" durante el entrenamiento y proporcionaron sensaciones diferentes en ciertos aspectos.

También había otro alumno, un caballero de 82 años que solía ser profesor en la Universidad de Kyoto, y que incluso había pasado un año en la London School of Economics and Political Science (Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres). Empezó a hacer Karate a los sesenta años por recomendación de su médico. Tenía algunos problemas de salud, su médico conocía a Ueno Sensei, y le recomendó el Karate pensando que podría ayudarle. Ya he aprendido que en Japón la edad no significa nada, y desde luego no representa ninguna limitación en cuanto a lo que puedes o no puedes hacer. Esto contrasta mucho con la percepción que hay en occidente.

Entrenamos durante tres horas, entonces Sensei anunció que el entrenamiento sería algo más corto ese día ya que habían preparado una fiesta para Sue para celebrar su gran logro del verano - llevó la Llama de la Paz desde Hiroshima hasta Tokyo en bicicleta, ¡unos 850Km! La Llama tenía que ir después a Jerusalén y otros lugares en Europa como parte del proyecto Earth Caravan. Tuve mucha suerte de formar parte de la fiesta, pues me dio la oportunidad de charlar con los demás fuera del dojo mientras disfrutábamos de deliciosa comida y la agradable atmósfera tras el entrenamiento. Ya al final, antes de marcharnos, Sensei dijo que la próxima vez que visite Japón podría volver y entrenar con ellos, sería bienvenida. Agradecí mucho estas palabras, todo el mundo me hizo sentir muy acogida en el dojo. Ikai-san, otro alumno del dojo, fue muy amable al llevarnos en coche de vuelta a Kyoto. Esto fue muy útil, ya que se estaba haciendo bastante tarde y los autobuses no eran muy frecuentes.

Juneikanshikan Dojo
Entrenando con Yoshiaki Ueno Sensei y sus alumnos, Jun Ei Kan Shi Kan Dojo

El último día con Sue, fuimos a ver más cosas. Visitamos el Santuario Fushimi Inari Taisha y subimos andando a la Montaña Inari, una experiencia realmente buena, y un gran cambio respecto a la ciudad. Al subir la montaña nos cruzamos únicamente con unas cuantas personas ya que la mayoría de visitantes se quedan cerca del santuario principal o atraviesan Senbon Torii hasta el santuario interior. El Santuario Fushimi Inari Taisha es el más importante de los 30.000 santuarios Inari-sha que hay por toda la nación. Ha sido un lugar para la veneración del dios guardián de abundantes cultivos y negocios, de la prosperidad y la seguridad familiar desde que el Dios de la cosecha (Inari Okami) fue hospedado en el Monte Inari. El servidor de Inari Okami es el zorro, por eso este símbolo está por todos lados. Sin embargo, se dice que este zorro no es uno que viva en los campos, sino un espíritu zorro que se, según se cree, transmite nuestros deseos a Inari Okami. Otro símbolo del santuario es el color bermellón, que se considera que simboliza la fuerza de la vida y contrarresta los hechizos. Muchos de los edificios de los santuarios y toriis tienen un color muy vivo. Hay aproximadamente 10.000 toriis en los terrenos del santuario, ofrecidos por los adoradores como muestra de gratitud por sus plegarias.

fox
El zorro, servidor de Inari Okami (Dios de la cosecha)
Senbon Torii
Senbon Torii (1.000 puertas de santuario)

Al traspasar Senbon Torii hacia el santuario interior, empezó a volverse cuesta arriba. Pronto nos encontramos en un bosque de bambú, y aquello fue una experiencia en sí misma. Caminando a través del bosque, pasamos cerca de un cementerio shinto.

Bambú
El bosque de bambú en el Monte Inari

Continuamos para bajar por el otro lado, ya que Sue tenía planeado llevarme al Castillo Momoyama (también denominado Castillo Fushimi) y después tenía una especie de sorpresa para mí. ¡Ese día caminamos mucho! De camino al Castillo Momoyama Sue me enseñó la casa donde solía vivir cuando estaba en Kyoto. Agradecí mucho su tiempo, y tenerla como guía fue estupendo, ya que por mi cuenta nunca habría visitado algunos de los lugares a los que me llevó. Por ejemplo, realmente no hay señales que conduzcan al Castillo Momoyama, y no es un lugar que hoy visite mucha gente porque el castillo en sí ya no está abierto al público, únicamente los terrenos son accesibles. El Castillo fue construido para Toyotomi Hideyoshi, que gobernó Japón en el siglo XVI. No obstante, fue completamente destruido en el siglo siguiente, y reconstruido en 1964.

Momoyama
Castillo Momoyama, Distrito Fushimi de Kyoto

Después de pasar algún tiempo cerca del castillo, y de relajarnos un poco tomando un refresco tras mucho caminar, había otro sitio al que Sue quería que fuera. No quería decirme hacia dónde nos dirigíamos, así que me tenía bastante emocionada. Era la tumba del Emperador Meiji. Esa era realmente la ubicación original del Castillo Fushimi. Cuando estuve en Tokyo visité el santuario Meiji Jingu dedicado a las almas divinas del Emperador Meiji y su esposa. Fue bastante interesante averiguar esas cosas y darse cuenta del vínculo. Es un lugar sagrado donde la gente va a presentar sus respetos. Era un lugar muy tranquilo con jardines muy cuidados. Desde allí pudimos contemplar una gran vista de Kyoto. Pero, evidentemente, la vista significaba estar en la cima de la colina y por lo tanto Sue me llevó hasta abajo ¡para poder subir las escaleras que conducen a la tumba! Las escaleras eran enormes. Las subimos a paso ligero - ese día hacía muchísimo calor y humedad, así que eso ya fue buen ejercicio. Sue, como la mayoría de las veces, ¡corría por delante de mí!

Tras visitar la tumba no dirigimos de vuelta a la ciudad, pero antes paramos para reponer fuerzas con una merecida pero retrasada comida: fideos fríos. Hablamos de los últimos tres días y del tiempo que habíamos pasado juntas. Sue me preguntó también por la experiencia de los cánticos y cómo me había sentido. Fui muy honesta y le dije que me centré en "sobrevivir en seiza", y al final miraba el reloj con frecuencia. Nos reímos juntas muy a gusto compartiendo nuestras opiniones y puntos de vista. El tiempo que pasé con Sue fue increíble y estaba realmente contenta de que hubiéramos podido pasar tiempo juntas. Nos despedimos, ya que Sue regresaba a casa esa noche. Me sentí un poco triste de que Sue se marchara, pero probablemente se debía también a darme cuenta de que a partir de entonces iba a ir por mi cuenta la mayor parte del tiempo, y en realidad los mayores retos estaban por venir. También sabía que estaría ocupada viajando, explorando, y conociendo a otras personas, así que al mismo tiempo estaba también emocionada. En Kyoto me sentí muy cómoda.

Stairs
Escaleras que conducen a la tumba del Emperador Meiji, Kyoto

Mi plan para el día siguiente era visitar Nara. El tren Shinkansen desde Kyoto tardó unos 50 minutos, así que fue un trayecto bastante rápido. Nara solía ser una capital de Japón (desde el año 710 al 784, cuando se llamaba Heijokyo). Me alegré de poder visitar no sólo la capital actual, Tokyo, sino también dos capitales anteriores como Kyoto y Nara. En la parte central de la ciudad de Nara se encuentra el Parque Nara, que incluye muchos templos, siendo el más famoso el Templo Todaiji. Nara es sin duda un tesoro donde historia y cultura se funden en uno y, si alguna vez visitáis Kyoto, recomiendo también la visita a Nara. Nara también es famosa por sus ciervos. Hay unos 1.200 ciervos salvajes paseando libremente por el parque. Cuando ven que tienes shika senbei (galletas de ciervo) ¡hasta te hacen una reverencia para que se las des!

Después de visitar el bonito Jardín Yoshikien me dirigí hacia la Puerta Nandaimon, una gran puerta con dos estatuas enormes y de aspecto feroz de guardianes Neo. Fueron esculpidos en el siglo XIII y recientemente restaurados. Parecen muy 'vivos', y me impresionó mucho su tamaño y la sensación que te provocan cuando les miras a los ojos: se puede ver un verdadero espíritu marcial en ellos. Mi sensei, Garry Lever, a menudo menciona a estas estatuas durante el entrenamiento, explicando su significado, y también las tenemos en versión reducida en el Uraniwa Dojo. Había leído sobre ellas, pero realmente entendí a qué se refería cuando estuve delante de estas dos estatuas. Una vez más, recordé que es necesario experimentar las cosas por uno mismo, ver el espíritu marcial en sus ojos... También tienes que estar allí para ser testigo de la belleza de estas obras de arte realmente impresionantes, ya que cada una de ellas tiene más de 8 metros de altura. Hice una pausa allí para interiorizar ese momento. Estas dos estatuas protegen contra espíritus malignos y se encuentran en la entrada de la mayoría de templos budistas (en santuarios shinto, como por ejemplo el Fushimi Inari mencionado anteriormente, este papel lo representan dos zorros). Simbolizan el nacimiento y la muerte de todas las cosas, principio y final. Una de las estatuas, llamada Agyo, tiene la boca abierta, y representa el nacimiento. Al otro lado, Ungyo, con la boca cerrada, representa la muerte.

Agyo - Ungyo
Agyo y Ungyo, puerta Nandai-mon, Templo Todaiji

Después fui paseando al Templo Todaiji, famoso por la enorme estatua del Gran Buda, también conocido como Daibutsu (Vairocana en sánscrito). Es una de las mayores imágenes de Buda en bronce del mundo. El templo se fundó en el siglo VIII, se quemó en dos ocasiones, y fue finalmente reconstruido en 1709, cuando fue reducido a tan solo dos tercios del tamaño original. El templo pertenece a la escuela de budismo Kegon, basada en el Sutra de la Flor de la Guirnalda. De camino a la Sala Daibutsuden me preparaba para la vista. Fue toda una experiencia ver la estatua del Gran Buda; es impresionante, con un peso de 500 toneladas y casi 15 metros de altura. Pasé algo de tiempo en el templo, haciendo una pausa y mirando al Gran Buda, que envía un mensaje diferente a través de distintos mudra en cada una de sus manos: "no temáis" y "bienvenidos". También hay otras estatuas en la sala principal: un Bodhisattva a cada lado de Buda, y también dos guardianes de Buda. Fue una experiencia especial, y sin duda algo que tienes que ver para comprender su impacto. Pasé el resto del día paseando por el parque y visitando otros lugares.

Daibutsu
Daibutsu, Templo Todaiji, Nara

Cuando estuve con Swift Sensei en Tokyo le mencioné mi intención de visitar Hiroshima durante mi estancia en Kyoto, y él me dijo que su amigo Mark Tankosich Sensei vivía allí, y que podría intentar ponernos en contacto. Había oído hablar de Tankosich Sensei, pero no sabía que vivía en Hiroshima. Intercambiamos un par de correos electrónicos, y empecé a tener muchas ganas de conocerle. Cogí un tren a Hiroshima a primera hora y cuando llegué el cielo estaba gris, y cuando salí de la estación empezó a llover bastante. Pensé que era muy simbólico. Era 12 de agosto, y tan solo seis días antes la gente había conmemorado el 70 aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima. Quería visitar el lugar para presentar mis respetos a la gente que murió, pero también al trayecto en bici de Sue Eddie, de 850 Km hasta Tokyo, cuando fue portadora de la Llama de la Paz de Hiroshima.

Me iba a encontrar con Tankosich Sensei por la tarde, así que tenía todo el día ante mí. Me di cuenta de que necesitaría comprar un paraguas, ya que la lluvia se intensificaba. Pasé unos momentos cerca de la Cúpula de la Bomba Atómica en el Parque en Homenaje a la Paz. Sus ruinas se convirtieron en un símbolo de Hiroshima y fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996. Es bastante difícil describir cómo te sientes cuando estás allí. Realmente tiene que ser experimentado en primera persona, pero tengo que decir que fue bastante fuerte y emotivo, especialmente más tarde, cuando me encontré frente al Monumento por la Paz de los Niños. Atravesando el parque, caminé hasta el museo. Sinceramente, en algunos momentos fue bastante difícil atravesarlo, pero creo que fue una experiencia importante, parte de mi viaje a Japón, y me alegro de haber hecho el esfuerzo para visitarlo. Uno tiene la esperanza de que la humanidad haya aprendido de sus errores y de que la Llama que ahora arde en Hiroshima sirva para recordar el pasado y mirar con esperanza hacia el futuro.

Sensei Mark Tankosich practica Zen Nihon Kendo Renmei Jodo y Shindo Muso-ryu jo. También estudió Karate Sho-ha Shorin-ryu. Ha estado viviendo en Hiroshima más de veinte años, y es profesor en la Universidad. Tengo que decir que fue muy bueno conocerle. Hablamos de Karate, de su tiempo en Japón, de la enseñanza, y de la vida en general. Hablamos de nuestras familias y de "por qué estamos donde estamos" en este momento. También le comenté la extraña familiaridad que sentía en Japón, la sensación de haber visitado anteriormente el lugar. Poco a poco empecé a comprender las razones, pero como dijo Tankosich Sensei, puede que mi dojo me hubiera preparado bien para el viaje, de manera que habría entrado en contacto con la cultura allí, y como resultado no me parecía algo extraño. Agradecí la oportunidad de este encuentro, que hizo muy agradable el final de mi día en Hiroshima. Era hora de volver a Kyoto, así que cogí el último tren y llegué justo antes de medianoche. Durante el trayecto de vuelta tuve tiempo para procesar la experiencia en Hiroshima y reflexionar sobre las ideas intercambiadas con Mark Tankosich Sensei. Espero poder volver y que nos volvamos a encontrar.

Hiroshima
La Cúpula de la Bomba Atómica, Hiroshima
Katarina - Mark Tankosich
Con Sensei Mark Tankosich, Hiroshima

El último día en Kyoto quería tomármelo un poco más relajado, y me quedé allí. Fui al río y desayuné allí, mientras observaba dos grullas blancas. Después visité el santuario Heian Jingu, donde Miyagi Sensei hizo una demostración de Karate cuando visitó Kyoto. Es un santuario bonito, y su jardín es bastante grande - me resultaba fácil imaginar allí una demostración de Karate. De nuevo, pensé que podría ver unos cuantos santuarios más ese día, pero decidí ver bien éste, y al entrar a su jardín, supe que se repetía un escenario similar al templo Engaku-ji. Pasé un par de horas paseando por este bonito jardín con estanques, flores de loto y pinos. Me dio la oportunidad de reflexionar sobre los días que había pasado en Kyoto, pensar en las experiencias, y empezar a prepararme para lo que venía a continuación. Al día siguiente, por la mañana, partía hacia Okinawa desde Osaka. Estaba muy emocionada, pero también era consciente de que esta tercera parte del viaje sería la más desafiante, ya que en Tokyo y Kyoto había estado con amigos o gente que conocía, sin embargo, en Okinawa, iría completamente por mi cuenta. Describiré esta experiencia final en la tercera parte de mis notas de viaje.

Heian Jingu
Santuario Heian Jingu, Kyoto
Pond
Jardín cerca del Santuario Heian Jingu, Kyoto

Katarina Lezova
(2015)

“No importa cuánto puedas destacar en el arte del Karate y en tus esfuerzos académicos,
nada es más importante que tu comportamiento y tu humanidad observada en la vida diaria.”