Japón: Siguiendo los Pasos de los Maestros
(Parte 1 - Tokyo)
por Katarina Lezova

Con sentimientos encontrados, iba a viajar a Japón, en verano. Era un viaje que tenía muchas ganas de hacer, ya que durante muchos años había deseado visitar Japón, y especialmente Okinawa, pero también era muy consciente de que eso me sacaría completamente de mi zona de confort, ya que durante tres semanas estaría adentrándome en lo desconocido en muchos sentidos. Durante los últimos cinco años entrenando en el Uraniwa Dojo he tenido que crecer y acostumbrarme a hacer cosas que me exigían casi hasta sobrepasar el límite de lo que pensaba que podía hacer. En muchos sentidos, probablemente he empezado a buscar oportunidades para seguir haciéndolo, y este viaje era necesario para mi trayectoria en Karate. A pesar de tener lo desconocido ante mí, confiaba en que todo iría bien y sería una experiencia que enriquecería mi vida.

También sabía que viajar por mi cuenta me ayudaría a aprender más acerca de mí misma y me ofrecería tiempo para la reflexión y la confrontación del punto en el que estoy en mi Karate y hacia dónde lo quiero hacer progresar. Cuando echo la vista atrás, mi viaje realmente estuvo centrado en conocer y encontrarme con otras personas, y fueron ellos quienes hicieron mi viaje tan agradable y sin los cuales no habría tenido oportunidades de aprender. A continuación comparto algunas de mis reflexiones y notas sobre los lugares que visité y las experiencias que encontré. Fundamentalmente hice tres paradas en Japón: Tokyo, Kyoto y Okinawa. Es interesante que el número tres no dejara de aparecer durante el viaje. Cada una de estas tres visitas fue única, con muchas similitudes, pero también con experiencias muy específicas. En esta primera parte de mi reflexión, hablaré del tiempo que pasé en la capital y sus alrededores.

Bienvenidos a Tokyo

Llegué a Tokyo - la "capital del este" - el 3 de agosto de buena mañana. Mi vuelo desde Frankfurt fue muy fluido y todo fue muy bien. Tras aterrizar, me sellaron como visitante temporal y en el mismo aeropuerto también obtuve mi tarjeta Japan Rail Pass para viajar fuera de Tokyo. Está muy bien y se lo recomiendo a todo el mundo que planee viajar por Japón, ya que te hace la vida y los trayectos mucho más fáciles y con un considerable ahorro económico. Algo que me impactó justo al dejar atrás el aire acondicionado del aeropuerto fue que ¡hacía un calor increíble! No puedes prepararte para ello, tienes que experimentarlo. Debido al calor, agosto no es el mejor mes para viajar a Japón. Sin embargo, tenía trabajo que hacer en Tokyo ese mes, y por lo tanto, no tenía muchas opciones. Al final las cosas son como son, y me acostumbré.

No sabía qué esperar de Tokyo, pero teniendo en cuenta que su población es superior a los 13 millones de habitantes, imaginaba multitud de gente por todos lados. Me esperaba encontrar las calles abarrotadas, y sentirme un poco abrumada. Pero me sorprendió cómo me sentí. Fue como si ya hubiera estado anteriormente ya que, a pesar de ser mi primera visita, todo parecía extrañamente familiar, así que no tuve esa rara sensación de sentirte perdido en un país extranjero. De hecho, esta sensación de familiaridad se mantuvo durante todo el viaje, y de algún modo me sentí integrada y parte del entorno desde el primer día. Mi buena amiga de la universidad, Aya, vive en Tokyo. A decir verdad, se mudó tan sólo un par de meses antes de mi llegada, así que el momento fue muy oportuno. Agradecí la oportunidad de poder quedarme en su casa en Setagaya, que es una bonita parte de Tokyo, ponernos al día, y que me enseñara Japón alguien que vive allí. Cuando le dije que estando en Japón no me sentía en el extranjero, simplemente se rió y dijo que tenía tantas ganas de venir a Japón que en realidad ya lo había visitado en mi mente. No obstante, durante el viaje logré entender mejor por qué tenía esa sensación de familiaridad... Tenía más que ver con mi entrenamiento en el Uraniwa Dojo, pero explicaré esto al final de la tercera y última parte de mi experiencia en Japón.

En Tokyo, al principio de mi viaje, tenía algunas responsabilidades de trabajo académico en el campus Marunouchi de la Universidad Kwansei Gakuin. Mis conversaciones con investigadores japoneses sobre asuntos europeos fueron bien, y con la sensación de haber cumplido, estaba deseando poder centrarme en mi "peregrinaje de Karate". Tenía dos objetivos principales en Tokyo: al principio de mi estancia, encontrarme con Joe Swift Sensei del Mushinkan Dojo; y hacia el final, practicar en el Komeikan Dojo. Después de hablar con Swift Sensei, decidí visitar también el templo Engaku-ji en Kita-Kamakura.

En mi primer día entero en Tokyo, antes de encontrarme con Swift Sensei, fui a explorar algunas partes de la ciudad. Visité los Jardines del Este del Palacio Imperial, la única parte del Palacio que está completamente abierta al público. También vi el Palacio Imperial, que solía ser el Castillo de Edo, sede del shogunado. Se convirtió en el Palacio Imperial en 1868, cuando Edo (renombrada entonces a Tokyo) se convirtió en la capital. Únicamente está abierto al público dos días al año: el 23 de diciembre, cumpleaños del Emperador; y el 2 de enero, por la celebración de Año Nuevo. Después me di cuenta que andar alrededor del foso que rodea todo el Palacio era en realidad una ruta de 5Km que utilizaban muchos corredores para su entrenamiento (a pesar del calor). Se estaba haciendo tarde y había otro sitio que quería visitar ese día: el santuario Meiji Jingu.

Ninomaru
Jardín Ninomaru, Jardines del Este del Palacio Imperial
Imperial Palace
Palacio Imperial

El Meiji Jingu es un santuario shinto abierto en 1920 y situado en Shibuya, Tokyo. Está dedicado a las almas divinas del Emperador Meiji y la Emperatriz Shoken. En realidad esta fue la primera parada en mi peregrinaje de Karate ya que allí se realizó la Demostración Conmemorativa de Miyagi Chojun el 7 de mayo de 1978. El patio del santuario es bastante amplio y pude imaginar cómo tuvieron lugar las demostraciones de Karate. El shinto se considera la antigua religión original de Japón, y está profundamente arraigado en el modo de vida japonés. El shinto no tiene fundador, no tiene libro sagrado, ni siquiera el concepto de conversión religiosa, sino que valora la armonía con la naturaleza. En el shinto, se encuentra alguna divinidad como kami (espíritu divino), y la gente ha dedicado santuarios a muchos de ellos en señal de gratitud. El santuario está rodeado por un bosque hecho por el hombre con 100.000 árboles donados por personas que querían conmemorar al Emperador y a la Emperatriz. Es bastante fascinante porque, cuando visitas el santuario, no sientes que estás en el centro de Tokyo. El bosque es bastante grande y separa el tranquilo santuario de la ajetreada zona de negocios de la ciudad, llena de rascacielos.

Torii
Torii que conduce al santuario Meiji Jingu

Como era el primer santuario que visitaba en Japón, allí tuve mi primera experiencia de Temizuya (cuenco de agua de purificación). En Japón, en cada santuario de camino al santuario principal, los visitantes pasan por un ritual de purificación. Después de visitar un par de santuarios, se convirtió en un hábito, y en cierta forma, una parte importante de la experiencia.

Temizuya
Temizuya delante del santuario Meiji Jingu

Se acercaba la noche y no sabía ni dónde se me había ido el tiempo. Abandoné el santuario con una buena sensación. Cuando visitaba santuarios o templos en Japón a menudo me olvidaba del tiempo ya que eran lugares donde podía detenerme, reflexionar, y tener algunos momentos tranquilos para mí misma. Iba hacia la salida cuando escuché el anuncio de que el santuario estaba cerrando y un guardia cerca de la puerta de entrada me dejó salir. ¡Me pregunté cómo sería quedarse encerrada allí!

El santuario Meiji Jingu no está demasiado lejos, en transporte público, de la estación Meguro, donde había quedado con Swift Sensei. Mi tiempo en Tokyo era limitado, y ya no iba a estar el fin de semana siguiente, por lo tanto, no pude visitar el Mushinkan Dojo para entrenar. Espero tener la oportunidad de hacerlo la próxima vez. No obstante, agradecí mucho que Sensei tuviera tiempo para cenar y hablar conmigo de Karate y de sus experiencias. Más tarde también se unió a nosotros su mujer, y resultó ser una noche muy agradable.

Swift Sensei sabe muchísimo, y hablar con él fue una auténtica experiencia de aprendizaje. Hablamos de su último libro, "The Essence of Naha-te", de la investigación que lleva a cabo, del desarrollo del Karate y el punto en el que se encuentra en la actualidad. También hablamos de mis siguientes planes de viaje, y cuando le dije que planeaba visitar Kamakura al día siguiente, mencionó que también podía visitar el templo Engaku-ji, donde se encuentra el monumento en honor a Funakoshi Sensei. Apunté los detalles para saber cómo llegar hasta allí y me ilusioné con la idea de visitar un monumento importante en la isla principal y presentar mis respetos a Funakoshi Sensei.

Si hubo una cosa que se me quedó grabada de mi encuentro con Swift Sensei fue su comentario sobre los exámenes de grados en la actualidad. Comentó que los grados no deberían considerarse una recompensa por lo que un karateka había hecho, sino más bien una responsabilidad para el futuro. La atención debería centrarse mucho más en qué hace el karateka después con todo lo que ha aprendido y hacia dónde lo lleva. Muchos perciben el cinturón negro como un destino final y la recompensa por todos los años de entrenamiento, pero debería hacerse más hincapié en las etapas siguientes y en ser conscientes de nuestra posición y en transmitir lo que hemos aprendido. Me parecieron palabras muy sabias con verdadero valor. Inspirada por la conversación, estaba deseando viajar a Kamakura al día siguiente.

Engaku-ji: Estar en el lugar adecuado en el momento adecuado

Creo que cuando viajamos a un país desconocido para un periodo largo de tiempo, hay un momento o dos que permanecen con nosotros para siempre. Normalmente es bastante inesperado, pero recordamos el lugar y la sensación que nos produjo mucho después. Para mí, este momento llegó en Engaku-ji.

Engaku-ji se considera el segundo templo más importante de los Cinco Templos Zen (Montañas) de Kamakura (budismo Rinzai Zen). Se encuentra en Kita-Kamakura y fue fundado en 1282 para honrar a los espíritus de aquellos que murieron en ambos bandos en las Batallas contra Mongolia. Actualmente está formado por 18 templos. El nombre del templo proviene de una copia del Sutra de la Perfecta Iluminación (Engaku significa "Perfecta Iluminación") que fue encontrado mientras se construía el templo. El fundador del templo fue el Maestro Zen Mugaku Sogen, que llegó a Japón desde China. Hoy el templo se conoce también como "El Templo del Espíritu".

Sanmon
Sanmon, Engaku-ji

El Sanmon o Puerta Principal es la primera parte del templo que ves cuando entras en la zona. Se dice que Sanmon representa San-Gedatsu-Mon: una puerta para librarte de los vínculos terrenales y pasar a tres estados de vacío, sin substancias ni deseos, y se cree que aclara muchos kleshas. Uno debe atravesar Sanmon y romper con este mundo para rezar a la imagen principal de Buddha, en el Butsuden, con la mente purificada.

Sin embargo, mi objetivo en Engaku-ji era visitar el monumento al Maestro Funakoshi. La noche anterior al viaje, estuve buscando más información en Internet sobre su ubicación dentro del templo, no quería perdérmelo. Pero encontrarlo fue más fácil de lo que me imaginaba, lo vi directamente después de traspasar el Sanmon. Era mi primera oportunidad en Japón de presentar mis respetos a un gran Maestro. Pensé que era un lugar perfecto para un monumento como ese, y pasé unos cuantos momentos en silencio frente al mismo. Le pedí a un caballero que pasaba por allí que hiciera una fotografía y se preguntaba si sabía de quién era el monumento. Era muy locuaz, ¡me habló sobre el templo y muchas otras cosas! Realmente deseaba poder hablar japonés. Las pocas frases y palabras que sabía no eran suficiente para una conversación más larga pero, en cualquier caso, la gente siempre aprecia el esfuerzo.

El monumento a Funakoshi Sensei fue erigido por la Shotokai en diciembre de 1968. En el lado izquierdo hay una caligrafía de Sogen Asahina, sacerdote principal del templo, en la que se lee Karate ni sente nashi (no hay primer ataque en Karate), el segundo de los Veinte Preceptos del Maestro. A la derecha se encuentra un poema escrito por Funakoshi Sensei en 1922:

Buscar lo antiguo es comprender lo nuevo.

Lo viejo, lo nuevo
Es cuestión de tiempo.

En todas las cosas el hombre debe tener una mentalidad clara.

El Camino:
¿Quién lo transmitirá de manera fiel y verdadera?

Funakoshi memorial
Monumento al Maestro Funakoshi, Engaku-ji

Delante del monumento hay una piedra con palabras grabadas de Nobuhide Ohama que describen la vida de Sensei:

Funakoshi Gichin Sensei, de Karate-do, nació el 10 de junio de 1870, en Shuri, Okinawa. Practicó diligentemente y en 1912 llegó a ser presidente de la Shobukai de Okinawa. En mayo de 1922, se trasladó a Tokyo y se hizo profesor profesional de Karate-do. Dedicó toda su vida al desarrollo del Karate-do. Vivió ochenta y ocho años, y dejó este mundo el 26 de abril de 1957. Reinterpretando el To-te jutsu, Sensei promulgó el Karate-do, sin perder su filosofía original. Al igual que bugei (artes marciales clásicas), también el pináculo del Karate es "mu" (iluminación): purificarse y vaciarse a través de la transformación de "jutsu" a "do". Con sus famosas palabras 空手に先手なし (Karate ni sente nashi), que significa "no hay primer ataque en Karate", y 空手は君子の武芸 (Karate wa kunshi no bugei), que significa "el Karate es el arte marcial de la gente inteligente", Sensei nos ayudó a comprender mejor el término "jutsu". En un esfuerzo por conmemorar su virtud y grandes contribuciones al Karate-do como pionero, nosotros, sus leales alumnos, organizamos la Shotokai y erigimos este monumento en Engakuji. "Kenzen ichi" ("El puño y el Zen son uno").

Este templo tiene una atmósfera especial, o al menos eso me pareció a mí. Cuando yo lo visité, no había muchos turistas, y estaba muy tranquilo. Comparado con los templos de Kamakura y Tokyo que estaban llenos de visitantes, la sensación en este templo era muy diferente. También había unas cuantas personas quitando cuidadosamente las malas yerbas de los jardines y haciendo sus trabajos diarios mientras prestaban atención a cada detalle. Esa clase de esfuerzo concentrado conducía a la perfección y a la simplicidad. Los jardines de alrededor eran un gran ejemplo de wabi-sabi, el concepto japonés de belleza procedente del budismo.

Engaku-ji
Engaku-ji: Vista desde el Hojo

Para mí la fotografía anterior captura muy bien la atmósfera del templo. El verde alrededor era increíblemente vívido, y el cielo azul le daba otro nivel; creaba una experiencia inolvidable. Esa es la vista desde el Hojo, que originalmente se utilizaba como estancia para el abad del templo, pero que ahora se utiliza para muchas cosas, por ejemplo para funerales budistas para los laicos, sermones dominicales, encuentros Zen, o conferencias y talleres de verano. Antes de abandonar el templo, visité el Kaikibyo, que es el mausoleo del patrón de Engaku-ji, Hojo Tokimune. En mi billete de entrada al mausoleo había un pequeño escrito titulado "Cuchara". Me gustaría compartirlo, ya que contiene un profundo mensaje:

Aunque la cuchara se sumerge en sopa muchas veces al día, no puede entender su sabor. Pero, a diferencia de la cuchara, una sola gota de sopa en tu lengua puede darte una idea completa de cómo sabe. Lo que esto significa es que no tiene sentido conocer a los hombres más honorables o leer los libros más excelentes si eres insensible como una cuchara. No sirve absolutamente de nada leer muchos libros o recibir una buena educación si eres demasiado insensible como para aprender la sabiduría de aquello que has experimentado. Aquellos que intentan obtener una sensación de paz causando problemas a los demás, nunca podrán librarse del resentimiento que habrá contra ellos. No deberíamos ser insensibles como ese tipo de personas. Con el deseo de que este año sea mejor que el anterior, tengamos la intención de hacer algo bueno cada día, sin importar lo pequeño que sea.

(Butsunichian es la tierra sagrada del Kannon de Kamakura XXXIII, deidad guardiana de Kamakura de la tierra sagrada de los niños XIV)

La paz que sentí en este templo permaneció conmigo y proporcionó el lugar perfecto para detenerse y disfrutar de un momento de tranquilidad. Realmente me sentí como si el tiempo se hubiera detenido. Reconsideré mis planes iniciales de ver otros templos en Kamakura y decidí quedarme más tiempo en Engaku-ji. Al final, resultaron ser tres horas, pero fue otra experiencia que demuestra que a veces menos es más.

Entrenar en el Komeikan Dojo: Una experiencia inolvidable

Antes de partir hacia Tokyo, envié un correo electrónico al Komeikan Dojo de Toru Miyagi Sensei. Tenía la esperanza de obtener respuesta y, si era "afortunada", tendría una oportunidad de practicar con el nieto de Chojun Miyagi Sensei. Al principio la idea parecía un poco surrealista, pero me presenté lo mejor que pude y tras intercambiar varios correos respondiendo preguntas sobre mi experiencia en Karatedo, mi entrenamiento, y los katas que practico, Toru Miyagi Sensei dijo que podía ir a entrenar con ellos el viernes (el día antes de marcharme hacia Kyoto). Desde el principio de nuestra conversación por e-mail tuve una sensación muy buena sobre este encuentro, fundamentalmente por la forma en la que Miyagi Sensei escribió su correo y las preguntas que me hizo, reflejo de cómo los maestros solían evaluar a sus alumnos. Valoré esta experiencia y me alegré de que todavía exista hoy, y que los verdaderos maestros todavía aborden a sus alumnos con esta actitud. Durante mi viaje también me tranquilizó el hecho de que a los artistas marciales que pueden enseñarte algo de valor y cambiar tu vida no les importa qué grado tengas, sino lo que sabes, y cómo te comportas. Y así es en el caso de Toru Miyagi Sensei.

Miyagi Sensei me dio indicaciones para llegar al dojo y fue muy amable al sugerir que alguien se acercaría a recogerme a la estación de tren. Planifiqué mi viaje y llegué pronto, con tiempo de sobra. Acordamos que nos encontraríamos delante de la estación de tren, sin embargo, ¡resultó haber dos salidas! ¿Este u oeste? Por suerte tenía algunos números de teléfono que me había dado Sensei en su último correo, así que marqué uno de ellos y conseguí hablar con el hijo de Sensei, Manabu, que me dio algunas instrucciones. Deseé poder hablar japonés, lo cual habría hecho las cosas mucho más simples, pero finalmente un coche se detuvo y era Miyagi Sensei al volante y su alumno Tanaka-san en el asiento de atrás. A partir de ese momento, sencillamente intenté dejarme llevar. Estaba muy emocionada por las experiencias que iba a acumular. Me sentí extremadamente afortunada por estar en presencia del nieto de Chojun Miyagi Sensei y por tener la oportunidad de entrenar con él. Podía ver a su abuelo en los ojos de Toru Miyagi, y eso hacía que la situación fuera un poco como un sueño.

Komeikan Dojo
En el Komeikan Dojo
De izquierda a derecha: Tanaka san, Toru Miyagi Sensei, yo, Manabu Miyagi Sensei

El Komeikan Dojo está en la planta baja en casa de Toru Miyagi Sensei. El dojo en sí era muy simple, con algunas herramientas de hojo undo a un lado y dos fotografías en la pared: la fotografía de Chojun Miyagi Sensei y una caligrafía de Ho Goju Tondo ("La forma de inhalar y exhalar es dura y suave"), línea del Bubishi que inspiró a Chojun Miyagi Sensei a la hora de buscar un nombre para el estilo Goju-Ryu.

Empezamos el entrenamiento de la mañana con junbi-undo (denominado Goju Taiso por el padre de Toru Miyagi Ssensei, Kei Miyagi), seguido de técnicas de uke waza, y después nos centramos principalmente en Sanchin y Tensho. Toru Miyagi Sensei hizo hincapié en Sanchin y Tensho como katas importantes para el entrenamiento físico y mental y comentó que son muy diferentes de otros katas. Su padre, Kei Miyagi Sensei, solía llamar a Sanchin "Zen de pie". Los katas siempre son un reflejo de nuestra mente. Siempre tenemos que pensar en qué hacemos a continuación y qué técnica sigue. El oponente imaginario tiene que estar presente constantemente. Había algunas diferencias en la manera de Sensei de ejecutar Sanchin y Tensho (comparado con los que yo aprendí) pero tenía más relación con el número de pasos hacia delante. No obstante, como dijo Sensei, también puedes hacer el kata en una línea y realmente no importa cuántos pasos des. Tiene que ser práctico y funcionar. Una buena lección que recordar.

Después del entrenamiento por la mañana, Sensei me preguntó si tenía planes para el resto del día, y le dije que podía quedarme también al entrenamiento de la tarde. Agradecí mucho esta oportunidad de practicar más después del buen sushi que Sensei me llevó a comer.

Por la tarde repasamos casi todos los katas excepto Kururunfa y Suparinpei, ya que se nos echaba el tiempo encima. Primero ejecutaba yo el kata, y después Sensei o su hijo Manabu demostraban cómo lo hacen ellos, y comentábamos las diferencias. Al principio estaba un poco nerviosa, ya que la idea de realizar todos los katas delante de Miyagi Sensei era un poco desafiante, pero lo hice lo mejor que pude. Este enfoque de comparar las ejecuciones me permitió aprender y me dio la oportunidad de demostrar cómo practico. Intenté recordar lo máximo posible de toda la experiencia, pero también hubo muchos detalles que se perdieron por el camino. Miyagi Sensei hablaba un poco de inglés y Tanaka-san fue de gran ayuda traduciendo, pero si yo hubiera podido entender japonés, habría sido otra cosa. No obstante, a veces las palabras no son tan importantes porque se trata más de ver y sentir una técnica, eso es lo que nos permite recordarla. En cualquier caso, mejorar en la lengua japonesa sigue siendo mi aspiración para el futuro. Al final del día Sensei me dijo que podía volver a entrenar con ellos en otra ocasión, con un poco de suerte con más tiempo la próxima vez. Aprecio esta invitación como una expresión de confianza y la responsabilidad de continuar mi entrenamiento y mejorar.

Tras finalizar la sesión de la tarde, Sensei me preguntó si me quedaría a cenar con ellos. También me sentí muy agradecida por ello, al igual que por la generosidad y amabilidad que encontré durante toda la jornada. Me pareció una experiencia que verdaderamente enseñaba humildad. Para cenar, probé por primera vez la anguila, y siempre que oía hablar de la anguila posteriormente en mi viaje, ¡evocaba un agradable recuerdo! El tiempo fuera del dojo (la comida y la cena) también presentó una buena oportunidad para hablar de Karate.

Mi tiempo en Tokyo se acercaba a su fin y no podía haber imaginado un día mejor que el que pasé en el Komeikan. Tanaka-san fue muy amable al llevarme a la estación de tren más cercana, lo cual hizo mucho más fácil mi trayecto de vuelta. De camino a casa, reflexionaba sobre la experiencia y todo lo que había sucedido ese día. Estaba feliz y agradecida.

El sábado por la mañana, tenía que partir hacia Kyoto para encontrarme con mi sempai e inspiradora budoka, Sue Eddie. Tenía muchas ganas de verla y pasar los seis días siguientes en la antigua capital de Japón, de la que tanto había oído hablar. Pero compartiré esa experiencia en la segunda parte de mi viaje a Japón.

Katarina Lezova
(2015)

“No importa cuánto puedas destacar en el arte del Karate y en tus esfuerzos académicos,
nada es más importante que tu comportamiento y tu humanidad observada en la vida diaria.”