El Shinsodo
por Richard Barrett

Tras regresar de Okinawa de entrenar en el Jun Do Kan en 2011, un día, mientras entrenaba en mi pequeño Dojo, llegué a darme cuenta de que necesitaba más espacio, así que se me ocurrió una idea disparatada.

Vivimos en una vieja casa de granja de tierra compactada, construida excavando la ladera de la colina y presionando la tierra en el espacio entre maderas que harían de molde para hacer las paredes, que tienen unos 80cm de espesor. El nuevo propietario de la casa trabajaba la tierra de delante y tenía ganado en la casa y alrededor de ella. En un par de cobertizos en la parte de atrás (que yo transformé en el Shinsokan cuando vine aquí por primera vez) tenían pollos y conejos, y también habían excavado dos pequeñas cuevas en la ladera, detrás de la casa, con una pequeña pared construida delante de ellas, y allí tenían cerdos.

Mi idea era ampliar estas dos pequeñas cuevas (de aproximadamente 1'5 metros cúbicos) y unirlas para formar una cueva grande, para después transformarla en un Dojo. Nunca había sabido de nadie que tuviera un dojo en una cueva, así que pensé que sería algo único. Todos los habitáculos cueva mantienen una temperatura constante de aproximadamente 20 grados, así que sería fresco para entrenar en verano y cálido en invierno. Pero sabía que eso implicaría que saldría mucha tierra. Delante de mi casa hay una pequeña carretera que sube hasta un par más de casas, y al otro lado está el comienzo de mi tierra; la tierra baja en pendiente. Tuve la idea de construir un muro de piedra en seco a un par de metros y en paralelo a la pared existente, y rellenar el espacio con la tierra de la cueva. Pedí que volcaran un camión de piedras en la explanada y comencé la construcción con la primera línea del muro de piedra, y comencé a excavar en las cuevas.

Muro

Necesitaba poder estar de pie en las cuevas para excavar, así que empecé por los techos utilizando un cincel eléctrico de mano SDS y una carretilla debajo. Pensé que el proyecto tardaría 2 años en estar completado y que me limitaría a extraer 3 carretillas al día.

Después de alrededor de una semana excavando los techos, sacando las carretillas bordeando la casa, y tirando el contenido cuesta abajo, me di cuenta de que como la tierra de las cuevas está compactada (razón por la cual puedes hacer una cueva en esta parte del mundo), extraías digamos 20cm cúbicos, pero cuando llegaban a la carretilla de debajo, golpeándola al caer, ¡habían duplicado su tamaño! Había llegado el momento de unir las dos cuevas, así que la excavación cambió a sentido horizontal, sacando un día tres carretillas de un lado, y al día siguiente tres del otro lado.

Eso continuó durante un tiempo, hasta el punto de preguntarme si había perdido el otro lado. Tenía taladrado un trozo de un metro, seguía con la intención de llegar atravesando hasta la otra cueva, y me iba al otro lado para ver si podía ver la punta, pero nada. Medí desde la pared trasera de la casa para ver si estaba en línea y continué excavando. Un par de días después el taladro volvió a salir, pero esta vez, cuando busqué la punta, estaba visible, lo cual me hizo sentir animado y aliviado, aunque también me dio un punto de referencia de manera que pude ver que uno de los suelos estaba unos 15cm más elevado que el otro, algo más en lo que pensar para el futuro.

Dos días después, una de las cuevas se abrió hasta la otra, y a lo largo de las dos semanas siguientes terminé con una buena cueva en forma de tubo largo.

Richard Barrett excavando

Cuando venían alumnos a entrenar, entre sesión y sesión de práctica me ayudaban con el muro o con la excavación. Algunos tenían más entusiasmo que otros, y en esos días se hacía un poco más de excavación, pero por regla general mantenía mi regla de tres carretillas al día, lo cual no interfería demasiado en el transcurso de mi día a día.

Llegué a la conclusión de que un buen tamaño para este nuevo dojo sería 6 metros por 4 metros. Una vez unidas las cuevas, continué excavando la longitud del dojo para crear un tubo de 6 metros de largo, y después cambié de dirección hacia dentro de la ladera de la colina para empezar a ampliar su anchura. El muro y la cueva crecían día a día, y cuando tenía más de la mitad de la anchura, mi atención se dirigió hacia el techo. Todas las buenas cuevas tienen un techo curvado, lo cual representa una estructura fuerte. Así que con una barra recta de 2'5 metros, y con uno de los extremos fijo en la parte central del suelo, podía utilizar el otro extremo como guía para conseguir esa curva.

El proceso de excavación continuó, quitando tira a tira hacia el interior de la colina y subiendo unos pasos para curvar el techo, tres carretillas al día, día tras día. De vez en cuando empezaba a desenterrar rocas que aparecían, y entonces me preguntaba qué tamaño tendrían, cuánto problema iban a causar. Afortunadamente, la mayoría eran manejables y se podían sacar rodando de la cueva, mientras que otras tenían que romperse una vez habían caído al suelo.

Un año después, con más de 1.000 carretillas extraídas y aproximadamente 90 toneladas de tierra depositadas detrás del nuevo muro de piedra, la excavación estaba finalizada. Ahora me encontraba en el interior de una caverna de 4x6 metros, preparándome para la construcción del dojo.

Cueva

Primero necesitaba añadir algo de fuerza en la estructura. Fui a comprar unas cuantas láminas de red de metal, las cuales fueron arrastradas hasta la cueva y presionadas contra las paredes, cortadas en los contornos, y después unidas con cable. Esto formó un buen armazón de metal para las paredes y el techo. Entonces dediqué algo de tiempo para comenzar a hacer la instalación eléctrica. Sobre el papel ya había decidido que habría cuatro luces, una en cada esquina, y un enchufe doble, justo en el interior de la primera puerta, y dos interruptores en cada puerta. Todo ello iba a una caja de conexión, y de ahí salía de la cueva para conectar a la casa. Después llegó el momento de cubrirlo con una gruesa capa de cemento. Sabía que sería un trabajo largo, así que de nuevo la paciencia y la organización serían importantes para que el trabajo no afectara a mi vida familiar. Escogía una zona, separaba el metal de la pared para que el cemento se metiera detrás de la red, y empezaba a lanzar el cemento sobre la pared desde la carretilla; al principio se hacía extraño ir con carretillas cargadas en el sentido contrario.

Cementando Cementando

En la pared frontal ya había esculpido un hueco que sería mi Tokunoma, y había cortado unas piezas de granito negro para la repisa y los laterales. La parte de arriba, como en el otro dojo, sería un trozo de madera de naranjo que solía ser parte del arnés de carga de un burro; Me gustó la forma que tenían cuando los encontré por primera vez, hace 10 años.

Shomen Shomen

A lo largo de los siguientes meses los parches se fueron uniendo uno tras otro. Unas 120 carretillas de cemento aproximadamente se lanzaron contra las paredes y el techo (muy bueno para la muñeca y para Ura uke/Ura ken) hasta que se finalizó.

Cementado

La siguiente tarea era enlucir todas las paredes y el techo con yeso blanco. Eso se hizo a lo largo de la siguiente semana, y por todas las curvas, resultó ser más difícil de lo que pensé en un primer momento.

Shomen

La cueva se había transformado completamente. Antes era bastante oscura, después del enlucido era blanca y brillante. Se colocaron dos puertas de metal en las entradas (con ventanas cortadas en la parte superior de cada una de ellas), se hicieron marcos de madera, y se graparon mosquiteras en las aberturas, lo cual permitiría una buena corriente de aire por la cueva, que evitaría la formación de moho y que entraran moscas y bichos. En esos momentos ya podía hacer la segunda parte de la instalación eléctrica, y utilicé tejas para cubrir las cuatro luces de las esquinas.

Las paredes y el techo estaban terminadas, hora de ponerse con uno de los trabajos más importantes para un dojo: el suelo.

Un amigo carpintero me había hablado de un almacén de madera que tenía suelo de encaje, así que un sábado por la mañana fui con mi hijo al pueblo de al lado, en la furgoneta con el remolque enganchado, para comprar la madera. Lamentablemente sólo tenían 21 metros cuadrados, y yo necesitaba 24. También compré 60 metros de madera de 5cm x 8cm que actuarían como vigas bajo el suelo.

Nivelé el suelo, traté toda la madera, y empecé a colocar el suelo durante las dos semanas siguientes, hasta que se me terminó la madera. Me dijeron que el siguiente envío llegaría desde Finlandia ese mismo mes, así que me puse a hacer el zócalo del suelo que había colocado. Compré piedra natural, y las cementé como zócalo. Ya había hecho, a través de una tienda de cerámica, 5 animales chinos que simbolizan nuestro grupo: la tortuga, el dragón, el tigre, la serpiente, y el fénix. Estas figuras fueron cementadas en distintos lugares sobre las paredes, a excepción de la serpiente que fue cementada en el centro del techo.

Suelo Suelo

Una segunda capa de yeso para integrarlo todo en las paredes, y ya estaba casi listo.

Esperar al siguiente envío de madera significaba retraso, pero como tres cuartas partes del suelo estaban colocadas, no pude resistirme, y empecé a utilizar el dojo, y encontré otro problema: como las paredes y el suelo eran de color blanco y sin esquinas, se combinaban entre sí, así que al acercarse a una pared al practicar kata, la visión engañaba al sentido de la distancia y no sabías si ibas a golpear la pared o no, cegado por el resplandor de tanto blanco y sin ninguna referencia. Con lo cual, aunque la construcción no estaba finalizada del todo, había llegado el momento de decorar el dojo.

El otro dojo está lleno de imágenes y diferentes adornos que pretenden ayudar dando inspiración y mejorando el entrenamiento que tiene lugar en él. El dojo cueva, quería que estuviera mucho menos cargado. Así que únicamente metí unas cuantas herramientas de hojo undo que dejé en la pared del fondo, y colgué una lista de kata y el dojo kun a cada lado de un reloj. En la pared de la izquierda, tres caligrafías de Eiichi Miyazato Sensei, y en la pared de la derecha, otras dos caligrafías. Todos estos elementos fueron regalos de los alumnos que agradecí mucho. En la pared frontal, fotografías de antiguos sensei of Goju Ryu, y en el hueco, una estatua del Busaganashi. Sobre ella tallé en un trozo de madera algunos kanji que describen los sentimientos que representaba.

Shomen Joseki Shimoza

La madera llegó poco después desde Finlandia y pude terminar el suelo. La intención era completar el dojo en dos años, y efectivamente el interior estaba finalizado, aunque tuve que hacer una corrección en el suelo, colocando respiraderos a ambos extremos para permitir la circulación del aire bajo el suelo.

He empezado a construir la entrada en la puerta de la derecha, y con el tiempo la puerta de la izquierda tendrá una entrada similar, con un armario empotrado para guardar los utensilios de limpieza para el dojo. También tengo la intención de arreglar el exterior con suelo de piedra y un pequeño jardín. Aun así, lo más importante para mí es que he ampliado mi karate renshu a una nueva área y he añadido otro pequeño grado de satisfacción a mi vida.

Shomen

Como he dicho anteriormente en mi entrevista con Garry, no me considero nadie especial, pero si mi entrenamiento a lo largo de los últimos 40 años me ha dado tenacidad para completar un proyecto, no me ha hecho alguien perezoso o una persona que pone excusas, sino alguien que quiere algo asequible y encuentra una forma de hacerlo posible, entonces todos los años de entrenamiento han merecido la pena.

El Karate Do me ha dado eso, o al menos ha revelado y potenciado esas cualidades a través del entrenamiento y la reflexión constante.

¿Qué hay de ti, karateka que estás leyendo esto, tu Karate pone al descubierto y perfecciona tu verdadero carácter? Quizá no estás tan preocupado y lo consideras demasiado molesto. Quizá el Karate que practicas es tan superficial que nunca podría llevarte hasta el punto de poder ver tu verdadera naturaleza... Miyazato Eiichi Sensei dijo una vez que "cualquiera puede aprender a dar golpes de puño y patadas", y si eso es lo único que quieres, entonces está bien, Karate físico y superficial. Pero si quieres un verdadero desafío y una lucha real, entonces será mejor que empieces a mirar hacia tu interior, y para ello tendrás que buscar un auténtico dojo y un auténtico sensei de Karate-do, pues sin eso, en mi opinión, es un camino imposible.

Richard Barrett
Junio 2013

“No importa cuánto puedas destacar en el arte del Karate y en tus esfuerzos académicos,
nada es más importante que tu comportamiento y tu humanidad observada en la vida diaria.”