Aki Gasshuku 2012
por Víctor López Bondía

En octubre de 2012 los miembros de Shinsokai nos reunimos de nuevo en Albox para participar en el Aki Gasshuku.

Como de costumbre, el entrenamiento empezó temprano la mañana del sábado, con el dojo barrido y todo el mundo listo para empezar a entrenar a las 6 en punto de la mañana. Antes de empezar el gasshuku, Sensei sugirió que intentásemos pensar en Miyagi Chojun Sensei a lo largo del fin de semana, y nos recordó que deberíamos sentirnos agradecidos por el gran regalo que nos dejó. Los gasshuku de Shinsokai se celebran en abril y octubre, y no es por casualidad. Tras saludar, Garry Senpai nos guió a través de los ejercicios de junbi undo. A continuación, práctica de kakie, y una vez más agradecí y disfruté la oportunidad de trabajar con compañero, ya que actualmente mi entrenamiento es una actividad muy solitaria.

Una vez completada la primera sesión de entrenamiento en el dojo, no pusimos calzado y fuimos conducidos hasta la parte de atrás de la casa de Barrett Sensei. Empezaba a amanecer, y muy pronto nos encontramos a los pies de la colina con el dojo bajo nosotros. Tocaba un poco de entrenamiento en el exterior, y subimos y bajamos la colina repetidamente, lo más rápido posible, ejecutando el kata Sanchin en cuanto llegábamos arriba. Era un ejercicio muy bueno para las piernas y para los pulmones, pero también proporcionaba una gran oportunidad de obtener una sensación diferente para la respiración de Sanchin, ya que teníamos que realizar el kata justo después del ascenso, sin parar a coger aire, lo cual hacía la respiración de Sanchin especialmente difícil. Con un trabajo que me tiene sentado en una oficina durante todo el día, estar en contacto con la naturaleza y respirar aire fresco me resultó muy agradable. Sensei dio el alto tras el quinto descenso, algo que yo no esperaba, ya que en un primer momento había imaginado que probablemente haríamos diez subidas y bajadas, como mínimo. Posteriormente Garry Senpai comentó que él había pensado que haríamos ocho ascensos, pensando en nana korobi ya oki (caer siete veces, levantarse ocho), y me impresionó su perspicaz idea. Evidentemente, está muy por delante de mí en Karate-do, y eso también incluye pensar más allá de lo obvio.

De vuelta en el dojo, tomamos un bienvenido desayuno, y acto seguido estábamos todos listos para una nueva lección de Karate-do, pero esta vez no sería una lección física. Sensei nos pidió que pensáramos en el dojo kun e intentásemos extraer las cualidades o atributos principales contenidos en cada uno de los preceptos que lo componen. Una vez extraída una lista de valores tales como humildad, educación, consideración, honestidad, responsabilidad, paciencia, etc., fuimos invitados a reflexionar sobre nuestras propias vidas y evaluar si estas cualidades estaban o no realmente presentes. Obviamente, estas lecciones son las que realmente te ayudan e inspiran a sacar los valores del Karate fuera del dojo y trasladarlos a tu vida diaria. Cuando se proporcionan lecciones así, el Karate se convierte verdaderamente en Karate-do, y el profesor se vuelve realmente un 'sensei'. Lamentablemente, aunque actualmente muchos afirman que el Karate es "budo" y un "camino de vida", normalmente todo queda en palabras vacías, ya que no buscan la "perfección del carácter" que supuestamente el Karate infunde en sus practicantes tan activamente como buscan la perfección de la técnica. Desafortunadamente, tengo que decir que en mis muchos años involucrado en Karate moderno, nunca encontré ese tipo de lecciones, así que, independientemente de lo que dijeran, lo cierto es que esa clase de Karate era sólo un deporte o actividad física, y nada más.

Pasamos a trabajar un poco en el nuevo "dojo cueva", que estaba en construcción. Claramente, Sensei había estado trabajando a muy buen ritmo, y todos nos emocionamos mucho al ver toda la fase de cementado acabada, y podíamos imaginarlo terminado y listo para ser utilizado muy pronto.

Volvimos al dojo para otra sesión de entrenamiento, que se centró en acondicionamiento. El taketaba ya no era tan temible como solía ser, ya que ahora estoy más o menos acostumbrado a clavar mis dedos en él, sin que mis uñas sufran demasiados daños, pero todavía me siento lejos del punto en el que puedes golpear con toda tu fuerza con la confianza de saber que tu cuerpo no saldrá perjudicado. El entrenamiento de acondicionamiento siempre logra hacerme especialmente consciente de mi debilidad natural, y me pregunto si seré capaz de convertir mis manos en armas fuertes, incluso después de muchos años de práctica diaria. El makiwara de Barrett Sensei parecía tan rígido como la primera vez que lo golpeé, y mis muñecas y nudillos parecían los de un niño pequeño al chocar contra la implacable tabla. Al menos mi muñeca lesionada no sufrió una recaída, algo que me preocupaba.

Tras bajar al pueblo y comer un poco, era hora de practicar kata. Repasamos una serie de katas, y pude recopilar algunos detalles y correcciones sobre cada uno de ellos que me ayudarían a hacer mis katas cada vez más precisos. A lo largo del último año he estado aprendiendo muchos katas, bastante rápido, y el siguiente kata a menudo llegaba antes de haber tenido el tiempo suficiente para absorber el anterior hasta cierto punto. Por tanto, mis katas de Goju-Ryu son todavía bastante inmaduros, y cada vez que recibo enseñanza y mis katas son corregidos, adquiero mucha nueva información valiosa que se me había escapado hasta ese momento. En esa misma sesión, Garry Senpai nos introdujo a mi amigo Juanlu y a mí al kata Suparinpei, otro más, pero el último de los katas de Goju-Ryu. Es un kata largo, pero presentando muchas repeticiones y estando ya familiarizado con las demás formas, no fue demasiado difícil aprender la secuencia de movimientos.

Sensei dio por terminado el día y poco después todos estábamos disfrutando de una buena y muy necesitada cena cocinada por la Sra. Barrett. Agradecimos mucho toda su ayuda y apoyo.

De nuevo, nuestro día empezó pronto el domingo. Después de junbi undo, nos pusimos por parejas para trabajar diferentes combinaciones basadas en sandan gi. Me sentí lento y torpe, y pensé que no era de extrañar, ya que esto es algo que no estoy logrando replicar en mi entrenamiento personal individual debido a la falta de un compañero de práctica... Una excusa muy pobre si tenemos en cuenta que Barrett Sensei y Garry Senpai están en la misma situación que yo y eso no les impide ser bastante hábiles en los ejercicios por parejas. Esto es algo que me resulta bastante asombroso.

Al terminar la primera sesión de entrenamiento del día, nos cambiamos y nos calzamos, listos para una nueva experiencia de entrenamiento en el exterior. Subimos en coche por la rambla hasta una montaña cercana, y después seguimos a Barrett Sensei hasta la cima, donde se encuentran los restos de una especie de castillo. Allí arriba, Sensei nos pidió que encontrásemos un sitio adecuado para realizar el kata Tensho enfocados hacia el horizonte. Después desayunamos un poco, y nos preparamos para bajar. Esta vez Barrett Sensei se quedó atrás, y nos pidió que cada uno buscásemos nuestro propio camino hasta los coches, intentando no seguir a nadie.

Montaña Montaña

De vuelta en el dojo, Sensei dio una pequeña charla, nos hizo volver la atención hacia nosotros mismos, y nos preguntó qué lecciones se podían extraer de experiencias como la que acabábamos de tener fuera del dojo. "¿Qué sentido tiene subir una montaña? ¿No habría sido mejor para nuestro Karate simplemente quedarnos y entrenar en el dojo?" Para mí era evidente que esto era entrenamiento para la mente, y de nuevo una forma de llevar el Karate-do más allá del entrenamiento físico que se lleva a cabo en el dojo. En mi mente había una clara similitud entre la subida a la montaña y el metafórico camino del Karate-do, en el que nos esforzamos por seguir la senda, empezamos siguiendo a alguien que dirige y que proporciona orientación, y después nos quedamos solos para encontrar nuestro propio camino hasta la cima.
Después de dejarnos algo de tiempo para pensar en nuestra experiencia, Sensei compartió con nosotros sus propias impresiones que, no es de extrañar, eran más profundas: La subida tenía relación con dar pequeños pasos hacia delante, progresando a un ritmo lento pero constante. Encontramos distintos niveles y tipos de terreno, lo cual hizo el camino más fácil en algunos momentos, y más difícil en otros, y esto podía vincularse a un equilibrio entre duro y suave (go y ju). Cada pocos metros, parábamos un segundo para darnos la vuelta y apreciar la vista, y estudiar la situación. Esto se comparó con la necesidad de hacernos a un lado en nuestro Karate cada cierto tiempo, para ver las cosas con perspectiva y evaluar si estamos o no en el camino correcto; reflexionar sobre nuestra actitud y comportamiento, y ver si realmente estamos practicando lo que predicamos. Llegar a la cima significaba alcanzar nuestro objetivo, la recompensa que obtenemos por nuestros esfuerzos: alegría y satisfacción. Cada ascenso tiene su descenso, y después de subir teníamos que bajar; dos caminos diferentes, pero ambos deben recorrerse en paralelo para encontrar el equilibrio, y esto se relacionó con bunbu ryodo. Volver al pie de la montaña era regresar al principio, completar el círculo, y esto podía hacer referencia a conservar la mente del principiante en Karate (shoshin o wasurezu), y también al círculo infinito que es el camino del Karate-do (kyudo mugen).

Montaña

Después de la charla, llevamos algunas herramientas pesadas (gami, chi-ishi, tetsu-sashi, kongoken y tan) a la tierra que hay delante de la casa de Barrett Sensei. Formamos un círculo y comenzamos a entrenar con ellas, con Sensei supervisando nuestra práctica y animándonos a centrarnos en los ejercicios clásicos para cada herramienta. Me vino a la mente una conocida fotografía histórica de los años 1920 que muestra a Miyagi Sensei supervisando la práctica de hojo undo, y pensé que realmente estábamos siguiendo la misma tradición que aquellos que nos precedieron en una isla lejana, donde nació el Karate.

La última sesión de entrenamiento del fin de semana tuvo lugar por la tarde, y de nuevo tocaba practicar kata. Hicimos los katas que no habíamos tenido tiempo de entrenar el día anterior, y también practicamos bunkai. Recopilé mucha más información, y disfruté mucho entrenando y aprendiendo con Garry Senpai, que siempre logra compartir muy buenas ideas sobre aplicaciones kata. Una de las razones principales por las que empecé a apartarme del Karate moderno/japonés para dirigirme hacia el Karate clásico/okinawense fue la necesidad de entender los katas que estaba practicando. Aunque ahora no me proporcionan todas las respuestas, ya que se deja mucho para que el alumno lo descubra por sí mismo, veo que el objetivo de todos los diferentes aspectos del entrenamiento físico que hacemos es llegar a comprender la técnica y desarrollar la capacidad necesaria para ser capaz de aplicarla de una manera eficiente y efectiva.

Pasaron unas cuantas horas de práctica, y el gasshuku llegó a su fin. Habíamos disfrutado dos largos días llenos de entrenamiento y aprendizaje, y para mí fue muy agradable compartir mi pasión por el Karate-do con excelentes personas afines.

Víctor López Bondía

“No importa cuánto puedas destacar en el arte del Karate y en tus esfuerzos académicos,
nada es más importante que tu comportamiento y tu humanidad observada en la vida diaria.”